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Adios hermano

Tema en 'Prosa: Melancólicos' comenzado por Dr Jose Roberto Hernandez, 19 de Enero de 2020. Respuestas: 1 | Visitas: 30

  1. Dr Jose Roberto Hernandez

    Dr Jose Roberto Hernandez Poeta recién llegado

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    Adiós hermano.

    Marcos hizo lo imposible para que ese día no llegara.

    15 días antes
    El majestuoso hospital Memorial de San Índigo exhibía su casco blanco que se podía ver desde la autopista aledaña. Marcos iba a ver a su amigo Rafa que llevaba 8 meses luchando contra el mayor de los tiranos del cuerpo: El cáncer.

    Desprovisto de alma, Rafael le había platicado que se hiciera cargo de su esposa y su hija hasta que se encaminaran o al menos hasta que el dolor de su futura ausencia pasase. Marcos se lo prometió, después de la insistencia de su amigo, un poco tirando a broma al luchador increíble que parecía ganar esa batalla.

    Habían pasado jornadas tristes, alegres, disidencias y más allá de las pieles, uno siempre quiere un hermano que se gana, no que se impone.

    Tomó el elevador y advirtió que el Dr. García estaba en él y como era quien hasta ahora le había atendido en este último ingreso, no tardó en preguntarle sobre el estado de Rafael. La puerta se abrió y el galeno se apeó en el piso inmediatamente inferior al de la sala de Rafa, se volvió y con cara Keynesiana le dijo mientras se cerraban las puertas:

    -¡Ya no estoy a cargo!

    El elevador se cerró y el ascenso al siguiente piso pareció una eternidad. Marcos, que había dejado hace tres días a su amigo experimentando una mejoría notable, sintió como si desde dentro algo le halara el esófago y su cuello mudo temía tragar.
    Se abrieron las puertas, apresuró el paso y dobló hacia la habitación con un giro rápido, separando las cortinas bruscamente solo para encontrarse a su amigo casi cadáver lleno de tubos y a su lado Mariela, su bella esposa de ojos zafíreos, nariz pequeña y rellena de cara, en estado inmóvil.

    Mariela ni se inmutó, ni siquiera cambió la vista o pestañó. Se veía un peor que Rafael: ojeras negras surcadas por valles secos, donde miles de años atrás corrieron enormes ríos de lágrimas; y la boca estrujada dejaba salir un sorbo de saliva desesperada.
    Marcos le sacudió y ella le miró incolora.

    -¿Qué pasó, carajo?
    Mariela se incorporó a medias levantó la vista y dijo casi en susurro:

    -Se acabó Marcos, ¡al fin se acabó!

    Marcos le había rogado al almanaque que se detuviera, hasta pensó en agujeros negros donde el tiempo y el espacio se estropean; pero había llegado el hijo de putadía.

    Adiós Rafa.

    Entró en el bar y el cantinero con su bigote negrísimo y su paño blanco al hombro, le miró de lado mientras lustraba un vaso.

    -¿Vienes solo?

    -Sí, pero hoy compartiré con él como siempre, así que sirve a los dos lo mismo.

    El cantinero sirvió 2 whiskey a la roca doble y los llevó con paso atípico a la mesita del fondo mientras no pudo evitar chocar con sillas de otros comensales al dirigirse a Marcos (cosa que no pasaba nunca, pues estaba acostumbrado a volar entre mesas y clientes para llevar órdenes a todo el salón). Aquel salón rústico de paredes de bambú y piso de madera tosca que en tiempos de alegría parecía hermoso; pero hoy se respiraba húmedo, anárquico con frémitos de tráquea enferma.

    Rápidamente Marcos se quedó solo, puso sus brazos sobre la mesa, tomó el vaso con la mano derecha y con mirada al piso, dándole cortos giros al trago, habló:

    -No sé por dónde empezar hermano. No sé cómo decirte que te quiero, como le explicas a un árbol vigoroso de dos ramas, que una se marchito sin hojas. Sabías que iba a estar aquí y creo que sabias que iba a ser hoy. A lo mejor estas ahí, aquí mismo al frente; porque en momentos como estos es que creemos en las supersticiones y en la otra vida o dimensión. Sí, porque no sé si cuando toques la puerta del cielo con todo lo que has…, o mejor hemos jodido, te dejen entrar. Es más, no sé si buscarte mirando arriba al firmamento, a lo lejos al horizonte o buscarte en el purgatorio. ¡Cabronzuelo!…

    Marcos dejó escapar una media sonrisa y levantó un pestañazo buscando el lugar de su amigo ausente; pero con un trago servido.

    -No sé aún si creer que vayas a dejar ese whiskey ahí que se agüe con lo que te gustaba...Sonrió... y siguió su monólogo:

    -Por supuesto que tu familia estará siempre en mi vida y haré lo que me pides, en definitiva sabes que soy solo y siempre te agradeceré cuando perdí el matrimonio, tu cómplice compañía y tu paciencia, en esos días yo estaba tan muer….Bueno, tú no lo estás. Yo lo estuve y mira resucité, así que me harías un gran favor si tratas de volver. Si estás en otra dimensión, un poco arriba de mí, no seas cabrón y baja, dame un abrazo, porque coño, la vida es una mierda sin ti mi hermano…

    Marcos cambió su media sonrisa por un rítmico llanto. Apuró el trago hasta el fondo y de un tirón sin mirar a ninguna parte, casi corrió al baño a lavarse la cara. Allí, se miró en el espejo y tratando resueltamente de terminar con aquello, salió, se dirigió a la barra, puso veinte dólares debajo de un cenicero y echó un último vistazo a la mesita. A la del rincón, al final, donde tantas risas compartió con Rafa.

    El vaso vacío de Rafa le frenó en seco, miró alrededor y nadie le observaba. Quiso ir, pero lo dominó una sonrisa, el pecho se le lleno de júbilo doloroso y caminó a la puerta de salida, poniéndose un cigarrillo en la boca y entre dientes un tanto alegre exclamo:

    -¡Cabrón!, jajá

    Salió a la acera bajo una finísima llovizna con un sol radiante. Prendió el cigarro y miró al cielo exhalando la primera bocanada de humo, solo para percatarse de un precioso arcoíris invertido, como si dios le dibujara una cromática sonrisa.

    Vampi
     
    #1
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  2. Azalea

    Azalea Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Una hermosa amistad que sobrepasa el humbral de la muerte. Me gustó la prosa, dr José y la inexplicable desaparición de la bebida del vaso,
    le dijo a Marcos que Rafa no se había ido del todo. Saludos, poeta.
     
    #2
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