esthergranados
Poeta adicto al portal
Ella ya lo ama, pero todavía no lo sabe. Y no lo sabe, porque no atiende a las señales, las confunde. Cuando él viene a casa, Marta no sabe interpretar eser leve temblor que sacude su cuerpo al saludarle, y no le da importancia a ese rubor carmín que enciende sus mejillas, ni a ese vértigo que siente en el estómago cuando se acerca a ella. Dice que es timidez, así lo justifica; todo menos reconocer sus sentimientos. Pero se pone tensa cuando le habla. A veces ni le salen las palabras, y prefiere callar para que no perciba el titubeo torpe de su voz. Y casi ni se atreve a mirarle a los ojos.
Pasa el día pensando en el encuentro, deseando que llegue el momento de verle aparecer con su sonrisa pícara, su mirada risueña ligeramente burlona, y su aspecto algo desaliñado de eterno adolescente.
Acaba de llegar, ¡que guapo le parece! Un cosquilleo incómodo le invade todo el cuerpo al recibir su beso apresurado y su caricia casi paternal. Le ve como se sienta a esperarla. Marta no sabe todavía que lo ama, pero cómo la envidia, cómo quisiera estar en el lugar de ella... No entiende que le pasa. Él está en el salón, viendo caer la lluvia en la ventana. Le parece que Laura hoy tarda mucho: siempre sale en seguida, con la urgencia de verle en la mirada, con la ilusión casi infantil de volver a sus brazos...Pero esta vez no saldrá.
"Adiós, mamá. Estás muy guapa así, como dormida. Si me pudieras ver...Me he puesto tu vestido más bonito, el que a él más le gusta, tus zapatos más altos, tus pendientes...Y llevo tu perfume, ese que él te regaló. Puede que así no note que yo no soy tú... Si me seco las lágrimas y me pinto los labios... No sé qué me ha pasado, ni sé por qué lo he hecho... Uy, te ahora te está llamando... ¡ ya voy, amor, ya voy! Adiós, mami, te quiero. Qué guapa estás así, como dormida, se te ve tan hermosa..."
Pasa el día pensando en el encuentro, deseando que llegue el momento de verle aparecer con su sonrisa pícara, su mirada risueña ligeramente burlona, y su aspecto algo desaliñado de eterno adolescente.
Acaba de llegar, ¡que guapo le parece! Un cosquilleo incómodo le invade todo el cuerpo al recibir su beso apresurado y su caricia casi paternal. Le ve como se sienta a esperarla. Marta no sabe todavía que lo ama, pero cómo la envidia, cómo quisiera estar en el lugar de ella... No entiende que le pasa. Él está en el salón, viendo caer la lluvia en la ventana. Le parece que Laura hoy tarda mucho: siempre sale en seguida, con la urgencia de verle en la mirada, con la ilusión casi infantil de volver a sus brazos...Pero esta vez no saldrá.
"Adiós, mamá. Estás muy guapa así, como dormida. Si me pudieras ver...Me he puesto tu vestido más bonito, el que a él más le gusta, tus zapatos más altos, tus pendientes...Y llevo tu perfume, ese que él te regaló. Puede que así no note que yo no soy tú... Si me seco las lágrimas y me pinto los labios... No sé qué me ha pasado, ni sé por qué lo he hecho... Uy, te ahora te está llamando... ¡ ya voy, amor, ya voy! Adiós, mami, te quiero. Qué guapa estás así, como dormida, se te ve tan hermosa..."