César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Probablemente esta sea la última vez que te escribo. Disculpa que lo haga por este medio, pero no quieres saber de mí, me pediste que no te enviara más mensajes de texto ni de redes. Aquí nos conocimos, para bien o para mal, aquí nos separamos. Ya luego no sabrás más de mí, al menos por mi mano.
Quiero darte las gracias. Te conocí en un momento crítico de mi vida en el que pensaba estar muerto. Como un zombi, o como reflejan a veces en las películas a esas almas de las personas fallecidas, a las que nadie puede ver ni escuchar y ellas se esfuerzan en ser vistas y escuchadas, pero por alguna razón les queda prohibido. Así estaba. Quizás por eso llegué a Mundopoesía, intentando encontrar otras almas en estado similar. Te encontré a ti.
Tú me demostraste que estaba vivo. Que si bien había perdido la comunicación con el mundo, era solo una pérdida parcial. Que tenía todavía un cuerpo. Que podía serle interesante a alguien. Considerando que eres apenas una chica y que yo soy mucho, mucho mayor que tú, es bastante pedir, demuestra gran generosidad, amplitud de tu parte. Mereces de verdad que te de las gracias.
Afuera llueve bastante. Desde esas nubes blancas que presagian lloviznas largas y lluvias persistentes. Yo estoy triste pero a la vez alegre por ti. Es una lástima que las cosas terminaran así. Sobre todo, lamento que consideres que te mentí. No lo hice. Ahora eres muy joven, pero algún día entenderás y sabrás que los amores hay que vivirlos apenas como se puedan vivir. Lo sabrás cuando un chico de la mitad de tu edad te proponga que te cases con él a pesar de todas tus cosas, tu vida adulta llena de complicaciones. O imagínate ahora mismo pretendida en matrimonio por un adolescente de 13 ó 15 años.
Podríamos haber llegado más lejos, seguramente, de donde alcanzamos, pero nunca íbamos a llegar a donde tú, legítimamente hay que decirlo- quieres, deseas para tu vida. Yo no puedo darte eso.
Para mí, haber vivido esto como lo vivimos, solo a poemas y mensajes sin habernos visto o tocado ni una sola vez sigue siendo y siempre será la manera como le tocó a este amor ser vivido. Mucha gente ni eso tuvo, así que me considero afortunado. Fui querido, quizás amado, por una joven maravillosa a la que nunca, escúchame bien, nunca, nunca podré olvidar. Vivirán siempre conmigo tus imágenes fotográficas (aunque deba borrarlas por respeto a ti) tu risa de quebrada cantarina, tu voz, tus ocurrencias, tus circunstancias.
Y gracias a ti ya no olvidaré que sigo vivo; este dolor que me invade es la mejor señal de ello. ¿Pasará? Supongo que sí. Siempre te recordaré con una sonrisa, siempre me preguntaré si finalmente alcanzaste las cosas que querías. Ojalá las logres todas y con creces. Las mereces.
Si estás molesta conmigo no seas malita. Te quise bien, te querré siempre bien. Fuiste y eres amada vivamente aunque las cosas hayan sido como fueron. Otra asunto que deberás aprender y que los años te habrán de enseñar es que un viejo amor, si ha sido verdadero, siempre será el mejor amigo o amiga con el/la que puedas contar. Ahora no te evoco: te añoro, te lloro (y no hay palabras ni poemas que puedan explicar cómo se siente eso); pero un día sé que podré evocarte con una sonrisa en los labios y que me alegrará vivamente el llegar a saber que conseguiste, de alguien y en alguien todo aquello que soñabas.
Adiós, o hasta luego. No sé.
Que seas feliz. Brindo por ti ya sabes, me gusta el ron
¡A TU SALUD, LIRIO DEL MAR!
Quiero darte las gracias. Te conocí en un momento crítico de mi vida en el que pensaba estar muerto. Como un zombi, o como reflejan a veces en las películas a esas almas de las personas fallecidas, a las que nadie puede ver ni escuchar y ellas se esfuerzan en ser vistas y escuchadas, pero por alguna razón les queda prohibido. Así estaba. Quizás por eso llegué a Mundopoesía, intentando encontrar otras almas en estado similar. Te encontré a ti.
Tú me demostraste que estaba vivo. Que si bien había perdido la comunicación con el mundo, era solo una pérdida parcial. Que tenía todavía un cuerpo. Que podía serle interesante a alguien. Considerando que eres apenas una chica y que yo soy mucho, mucho mayor que tú, es bastante pedir, demuestra gran generosidad, amplitud de tu parte. Mereces de verdad que te de las gracias.
Afuera llueve bastante. Desde esas nubes blancas que presagian lloviznas largas y lluvias persistentes. Yo estoy triste pero a la vez alegre por ti. Es una lástima que las cosas terminaran así. Sobre todo, lamento que consideres que te mentí. No lo hice. Ahora eres muy joven, pero algún día entenderás y sabrás que los amores hay que vivirlos apenas como se puedan vivir. Lo sabrás cuando un chico de la mitad de tu edad te proponga que te cases con él a pesar de todas tus cosas, tu vida adulta llena de complicaciones. O imagínate ahora mismo pretendida en matrimonio por un adolescente de 13 ó 15 años.
Podríamos haber llegado más lejos, seguramente, de donde alcanzamos, pero nunca íbamos a llegar a donde tú, legítimamente hay que decirlo- quieres, deseas para tu vida. Yo no puedo darte eso.
Para mí, haber vivido esto como lo vivimos, solo a poemas y mensajes sin habernos visto o tocado ni una sola vez sigue siendo y siempre será la manera como le tocó a este amor ser vivido. Mucha gente ni eso tuvo, así que me considero afortunado. Fui querido, quizás amado, por una joven maravillosa a la que nunca, escúchame bien, nunca, nunca podré olvidar. Vivirán siempre conmigo tus imágenes fotográficas (aunque deba borrarlas por respeto a ti) tu risa de quebrada cantarina, tu voz, tus ocurrencias, tus circunstancias.
Y gracias a ti ya no olvidaré que sigo vivo; este dolor que me invade es la mejor señal de ello. ¿Pasará? Supongo que sí. Siempre te recordaré con una sonrisa, siempre me preguntaré si finalmente alcanzaste las cosas que querías. Ojalá las logres todas y con creces. Las mereces.
Si estás molesta conmigo no seas malita. Te quise bien, te querré siempre bien. Fuiste y eres amada vivamente aunque las cosas hayan sido como fueron. Otra asunto que deberás aprender y que los años te habrán de enseñar es que un viejo amor, si ha sido verdadero, siempre será el mejor amigo o amiga con el/la que puedas contar. Ahora no te evoco: te añoro, te lloro (y no hay palabras ni poemas que puedan explicar cómo se siente eso); pero un día sé que podré evocarte con una sonrisa en los labios y que me alegrará vivamente el llegar a saber que conseguiste, de alguien y en alguien todo aquello que soñabas.
Adiós, o hasta luego. No sé.
Que seas feliz. Brindo por ti ya sabes, me gusta el ron
¡A TU SALUD, LIRIO DEL MAR!