LUVIAM
Poeta veterano en el portal
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Aún no olvido aquel momento en que la casualidad quiso que nos conociéramos. Algo inimaginable nos llegó antes que la razón para adueñarse de nuestras almas, cuando la magia de un amor inesperado nos sorprendió sin remedio.
Y nació aquel sentimiento que crecía desmesuradamente a la vez que echaba raíces profundas que lo iban abarcando todo. Cómo saber qué nos estaba pasando a los dos?, si solo sentíamos bienestar cuando nos encontrábamos, cuando nos sabíamos cerca.
¿Cómo saber cuál era aquel sentimiento que para nosotros estaba prohibido experimentar, pero que ya estaba siendo tarde para detener?
Hoy mi mente evoca aquella tarde en que una fuerte tormenta azotaba la ciudad, mientras la gente alarmada se apresuraban para resguardarse, caminando de un lado a otro y nosotros escapando con sutileza de la vista de todos, olvidando las leyes de los hombres y la amenaza de la naturaleza.
Corrimos; agarrados de la mano corrimos en dirección contraria a lo permitido, a la lógica de las circunstancias, entrelazando nuestras manos en un mismo ensueño.
Íbamos hacia el peligro sin percatarnos de él, buscábamos estar apartados de todos y llegamos lejos, justo donde la tormenta se exacerbaba:
Allí cerca del mar fue donde más fuerte aprisionó mi mano como temiendo que el viento atróz me arrancara de su lado.
Allí nos guarecimos en una abandonada cabaña en ruinas , exponiéndonos a los más grandes riesgos pero con la convicción inexplicable de una valentía suprema .
Con diecisiete años sentí en mi interior una malgama de temor y deseo.
La humedad de la lluvia fría se fundió con la de mis instintos y me hizo temblar todo el cuerpo...
El, con diecinueve años supo ampararme, protegerme con su amor y calmando mis temores me resguardó en sus pecho... besó la lluvia que resbalaba por mis labios.
Fué entonces cuando no pudimos más, sentimos la necesidad suprema de entregarnos, de saborear lo que deseábamos, de vivir lo que soñamos y satisfacer lo que estábamos reprimiendo, y en un arranque de locura sin frenos nos lo dimos todo sin pensar más; nos amamos bebiendo como sedientos desesperados los besos que habíamos imaginado, andandonos paso a paso despacio sobre cada sentímetro de nuestra piel.
Mientras el cielo nos amenazaba colérico , el viento enfurecido parecía gritarnos su penitencia y hasta el encrespado mar rugía como queriendo alcanzarnos para castigarnos, pero nada nos importó; ni la ley de los hombres, ni la naturaleza con su desafío. Nos amamos en un cabalgar inagotable hacia el delirio, enagenados nos fuimos del mundo por unas horas interminables, nos sentimos dueños del universo y también fuimos quizás esclavos de aquel sentimiento que sin avisarnos nos hechizó tatuándose en el alma de donde aún no hemos podido borrarlo.
Quizás fuera ese nuestro castigo a largo plazo:
No olvidarnos jamás , ni con el olvido.
Entonces nació LUVIAM
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