salgomanzano
Poeta veterano en el portal
Por donde paso
me viene el aroma
de sus vestidos,
el beso de sus labios.
Por donde miro
se oye el reír:
perlas son de su río.
Ando caminos,
las flores se arrodillan
de no verla conmigo
( yo no la encuentro).
Cuando la noche
contemplo,
tiemblan estrellas
-no hay ardiente fuego,
que ella se ha ido-.
No siento
fundirnos en un beso
entero.
No estando,
me arde la duda:
no sé si creo.
Mis adentros me dicen
en ratos de paseo:
¡malhaya Dios,
que de ella se enamoró!
-el horizonte
se pierde lejos-
Me arranco del suelo
y floto deshecho.
Miro la silla
cubierta
de polvo.
sus ojos no los veo.
Por donde voy
hasta las piedras
mudas se quedan:
lloran conmigo.
Adónde fue
paseando bajo los pinos
(¡maldito Dios,
que de ella se enamoró!)
me viene el aroma
de sus vestidos,
el beso de sus labios.
Por donde miro
se oye el reír:
perlas son de su río.
Ando caminos,
las flores se arrodillan
de no verla conmigo
( yo no la encuentro).
Cuando la noche
contemplo,
tiemblan estrellas
-no hay ardiente fuego,
que ella se ha ido-.
No siento
fundirnos en un beso
entero.
No estando,
me arde la duda:
no sé si creo.
Mis adentros me dicen
en ratos de paseo:
¡malhaya Dios,
que de ella se enamoró!
-el horizonte
se pierde lejos-
Me arranco del suelo
y floto deshecho.
Miro la silla
cubierta
de polvo.
sus ojos no los veo.
Por donde voy
hasta las piedras
mudas se quedan:
lloran conmigo.
Adónde fue
paseando bajo los pinos
(¡maldito Dios,
que de ella se enamoró!)
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