¿Pero cómo haría para extrañarte hermosa niña si en vez de corazón latiera en mi cuerpo de tortolo una moneda, un numen de metálica frialdad simple que sirviera sólo para hacer sumas y restas en la fugacidad de los días?
¿Cómo sabría yo entonces; la necesidad que tengo siempre de verte?
Mi corazón sencillo, fácil se pierde bajo las estrellas;
pero es un pulsar rojo de vivo latido en el centro exacto de mi amplio pecho de toro.
Aquí la dócil capa.
Aquí la arena en su sangrienta duda.
¿Qué esperas entonces,
niña mía…
para blandir la espada?
[gustavo cavicchia]
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