Agosto

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
La armonía de la tarde sin ruido

clara y sola

se cuela lenta por la ventana

enganchándose en mi alma

rota a veces por el paso

de alguien que va al mar,

los gritos de las gaviotas

o mi respiración.


El aire,

muchos ratos ausente,

mueve las acacias

para señalar su presencia,

y como los niños,

jugar con mi falda

y mis piernas.


Nada me es más grato

que este rincón parado en el tiempo,

anclado en la burguesía ausente,

pintado con transparencias rojas y celestes.


Ya apenas me debato

con mi conciencia y mi gusto.


Olvido, la mayoría de los días,

el reparto de bienes,

y aprovecho todos los míos,

y con todo eso

soy feliz.


No quiero más riquezas,

saboreo palmo a palmo

la luz del día,

los colores de las flores,

el ruido de los pasos lentos.


Me invento un Dios para estos momentos,

le cuento,

le digo,

le rezo

para alcanzar del todo la paz.


La paz que me sale del fondo

y perder no quiero.
 
La armonía de la tarde sin ruido

clara y sola

se cuela lenta por la ventana

enganchándose en mi alma

rota a veces por el paso

de alguien que va al mar,

los gritos de las gaviotas

o mi respiración.


El aire,

muchos ratos ausente,

mueve las acacias

para señalar su presencia,

y como los niños,

jugar con mi falda

y mis piernas.


Nada me es más grato

que este rincón parado en el tiempo,

anclado en la burguesía ausente,

pintado con transparencias rojas y celestes.


Ya apenas me debato

con mi conciencia y mi gusto.


Olvido, la mayoría de los días,

el reparto de bienes,

y aprovecho todos los míos,

y con todo eso

soy feliz.


No quiero más riquezas,

saboreo palmo a palmo

la luz del día,

los colores de las flores,

el ruido de los pasos lentos.


Me invento un Dios para estos momentos,

le cuento,

le digo,

le rezo

para alcanzar del todo la paz.


La paz que me sale del fondo

y perder no quiero.
Una fuerte carga emotiva trazan sus letras


Grato leerlas
 
La armonía de la tarde sin ruido

clara y sola

se cuela lenta por la ventana

enganchándose en mi alma

rota a veces por el paso

de alguien que va al mar,

los gritos de las gaviotas

o mi respiración.


El aire,

muchos ratos ausente,

mueve las acacias

para señalar su presencia,

y como los niños,

jugar con mi falda

y mis piernas.


Nada me es más grato

que este rincón parado en el tiempo,

anclado en la burguesía ausente,

pintado con transparencias rojas y celestes.


Ya apenas me debato

con mi conciencia y mi gusto.


Olvido, la mayoría de los días,

el reparto de bienes,

y aprovecho todos los míos,

y con todo eso

soy feliz.


No quiero más riquezas,

saboreo palmo a palmo

la luz del día,

los colores de las flores,

el ruido de los pasos lentos.


Me invento un Dios para estos momentos,

le cuento,

le digo,

le rezo

para alcanzar del todo la paz.


La paz que me sale del fondo

y perder no quiero.

Mes de agosto que se ha convertido maldito en mi vida porque perdí lo más quería, pero eso no quita para destacar la profundidad y hermosura de sus versos querida amiga.
Un fuerte abrazo siempre.
 
Querido Halcón, siento mucho haberte recordado el dichoso agosto. Me gustaría abrazarte y ser capaz de contarte historias o pasear contigo, para que al menos unos minutos pudiera descansar tu alma.
Te agradezco tu bello comentario
Un abrazo muy, muy grande
 

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