Maygemay
Poeta que considera el portal su segunda casa
Olas fosforescentes extienden sus mantillas
en la noche viajera que ha entoldado el paisaje,
y esa luminiscencia enciende este paraje
con vuelos de gaviotas que pueblan la orillas.
Funámbulos espectros repliegan las sombrillas
y luces soñolientas exploran el boscaje
de penitentes pinos que rezan al celaje,
mientras en la enramada se hamacan las ardillas.
Y por la playa corre un perro entusiasmado,
buscando alegremente las sales bienhechoras,
seguido por los pasos de su dueño cansado
tras la ruda jornada que ha robado las horas
de esa luz que refulge con libre desenfado
en la espuma que ofrecen las aguas seductoras.
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