Cien, doscientas, mil...
El aire enloquece,
mientras rebusco entre este hedor vil.
Una fotografía tuya,
antigua o nueva... es igual,
pero algo que me devuelva
la sonrisa infantil...
Algo que haga de esta cueva
que mi cabeza ha creado,
un muro a la espera de ser derribado,
que arranque la piedra
que esta tristeza cimienta.
Que oiga el sollozo de mis dedos,
que ahogue mis llantos
en abrazos de besos.
Por ahora estas fotos,
de agujas se llenan,
pues más nos las veo,
más no las diviso,
en esta maraña de papel,
que ferozmente embrollo
que tiro y piso.
Se clavan en docenas,
a veces en miles
y penetran en estas carnes seniles,
dejando un dolor donde
recuerdos me quedan,
donde las horas en días
se vuelven
y así...
Espero poder volver
a encontrar tu rostro
en mi espejo,
en una palabra o consejo,
dónde hallar tu pelo
enredado entre mis dedos,
susurrando de nuevo
y con sumo esmero
con amor, con deseo,
un cálido y hermoso:
- ¡Te quiero!
El aire enloquece,
mientras rebusco entre este hedor vil.
Una fotografía tuya,
antigua o nueva... es igual,
pero algo que me devuelva
la sonrisa infantil...
Algo que haga de esta cueva
que mi cabeza ha creado,
un muro a la espera de ser derribado,
que arranque la piedra
que esta tristeza cimienta.
Que oiga el sollozo de mis dedos,
que ahogue mis llantos
en abrazos de besos.
Por ahora estas fotos,
de agujas se llenan,
pues más nos las veo,
más no las diviso,
en esta maraña de papel,
que ferozmente embrollo
que tiro y piso.
Se clavan en docenas,
a veces en miles
y penetran en estas carnes seniles,
dejando un dolor donde
recuerdos me quedan,
donde las horas en días
se vuelven
y así...
Espero poder volver
a encontrar tu rostro
en mi espejo,
en una palabra o consejo,
dónde hallar tu pelo
enredado entre mis dedos,
susurrando de nuevo
y con sumo esmero
con amor, con deseo,
un cálido y hermoso:
- ¡Te quiero!