Agujero negro

Ricardo López Castro

*Deuteronómico*
AVISO IMPORTANTE: Esto son versos de altos vuelos.

Todo agujero negro que se precie pone punto y final a todo.

Si no lo hubiera hecho unas veinte líneas más arriba, juraría que solo estoy pendiente de si me toca la quiniela. A ver si sale solita de la cartera y se le da por acercarse.

Menuda juerga me voy a pegar con los cuatro duros que quedan.

Estoy haciéndome a la idea de ser Dios sin ayuda, me cago en la mar salada.

Menudo finde de desmadre, ¿que no?

Os mandaría a todos al patíbulo.

El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja, como los demás.

¿?

Y es que así es Dios.

No como la vida misma.

Sí como la mierda misma.

Pasado de rosca os atrapo, como la mierda a la mosca.

El caso es que, Dios, agujero negro, o lo que sea, Dios está malito.

¡Soy Dios!

Solo si me toca la quiniela.

¡Soy un agujero negro! Si no me toca.

Y si me toca, también.

Y es que uno no puede rascarse el bolsillo para ser Dios.

Pero puede irse de putas siempre que quiera.
 
Dios es amoroso.
No nos mandaría al patíbulo.
Entonces, tú estás mintiendo. O bien, no eres Dios; o quizá, no nos mandarías al patíbulo.
Pero como Dios tampoco miente, resulta que tú no puedes ser Dios.
 
Eso en realidad es un juego de palabras. El bulo del patio -el patio de mi casa es particular...-
Me encanta jugar con ellas, la ambigüedad también, y la insinuación más sublime, de ésa que solo los grandes lectores entienden. O quizá sea yo solo.
 

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