Es un sábado, que dice cosas y calla otras. Deseo pensar que no me interesan y que mejor espero el domingo que suele ser muy callado. Porque siento que me dice muchas cosas, al desbordar todo su silencio sobre mí. Me hallo en él como frente un espejo y observo lo que envuelve mi interior, esa apariencia tan evanescente y fugaz. Entonces, al ver lo que soy por afuera y aceptarme, cierro los ojos y hallo a mi ser. Contemplo lo que fui y soy, hablándome en una conversación sincera. Así soy los domingos o así me hace ser, es un día donde no hay nadie excepto yo. Un yo huidizo e inconstante con lo que debe ser. Sabe bien lo que es y lo que debiera hacer y no lo hace. Parece que no fuera consciente de su aptitud, pero igual se chorrea como un helado. Los días pasan y no levanta cabeza. Mi yo se a debilitado o anda desmotivado, ojala que no caiga en un agujero negro y que jamás salga de ahí.