yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ah como duele tu piel cuando te ausentas,
y queda vació tu sillón
y tus pasos en espera.
Como duele la tarde pintada de niña rota
y desgarrándose en tormentas,
y duele la sed
y la sal
y tu camisa desteñida
y los el reloj que duerme en mi muñeca
retrasando las horas de tu miel por mis orejas.
Como duele la media cama que me heredas
y tu libro abandonado,
tu horario en el televisor
y el perro que te espera,
duele tu ausencia en la vecina despeinada que pregunta
por tu saludo microscópico
y en el vecino que se relame los labios
al fulgor de tus caderas.
Duele tu ausencia que el teléfono me grita
y las manchas de rubor en mis camisas,
duele el vació de las diez de la mañana,
cuando un portazo anunciaba tu retorno a las cuatro de la tarde,
sudorosa y desgarbada,
duelen tus veintidós años
empapando de ansiedad otras miradas.
y queda vació tu sillón
y tus pasos en espera.
Como duele la tarde pintada de niña rota
y desgarrándose en tormentas,
y duele la sed
y la sal
y tu camisa desteñida
y los el reloj que duerme en mi muñeca
retrasando las horas de tu miel por mis orejas.
Como duele la media cama que me heredas
y tu libro abandonado,
tu horario en el televisor
y el perro que te espera,
duele tu ausencia en la vecina despeinada que pregunta
por tu saludo microscópico
y en el vecino que se relame los labios
al fulgor de tus caderas.
Duele tu ausencia que el teléfono me grita
y las manchas de rubor en mis camisas,
duele el vació de las diez de la mañana,
cuando un portazo anunciaba tu retorno a las cuatro de la tarde,
sudorosa y desgarbada,
duelen tus veintidós años
empapando de ansiedad otras miradas.