VictorZ
Poeta recién llegado
Me desvisto con propósito esta noche.
Cenizas me queman los pulmones.
El dolor me ciñe el pecho.
Solamente un umbral por delande
me separa de sueño eterno.
Dejo un adiós escrito en corto texto.
Dejo un adiós apurado y sin reproches.
“Me rehuso”, escribo,
“Me rehuso a continuar esta vida
sin reposo y sin sosiego”.
Ya mi aliento dejo en esta noche.
Ya mi cuerpo alisto para el viaje.
Ya reemplazo el aire que respiro
por gases que alivian mi equipaje.
Ya no más vivir esta congoja diaria.
Cruzo el umbral de la penumbra
a la luz, a una luz que me ciega.
Ya mi frente se distiende en la partida.
Ya mi sangre se detiene levemente.
Sólo resta recibir las lágrimas
de aquellos que me dan la despedida.
No más despertarme en las mañanas
para ambular las calles sin destino.
Ahora mi cuerpo reposa hecho cenizas
más allá de las penurias vanas.
¿Veré acaso blancas banderas
meciéndose calladas en el viento?
¿O sepulcros antiguos, olvidados
en la obstinada quietud de cementerios?
Pronto sabré de misterios sempiternos
y sabré de los ruegos se lleva el viento.
O quizás dormiré sin despertarme
por los siglos y siglos venideros.
Cenizas me queman los pulmones.
El dolor me ciñe el pecho.
Solamente un umbral por delande
me separa de sueño eterno.
Dejo un adiós escrito en corto texto.
Dejo un adiós apurado y sin reproches.
“Me rehuso”, escribo,
“Me rehuso a continuar esta vida
sin reposo y sin sosiego”.
Ya mi aliento dejo en esta noche.
Ya mi cuerpo alisto para el viaje.
Ya reemplazo el aire que respiro
por gases que alivian mi equipaje.
Ya no más vivir esta congoja diaria.
Cruzo el umbral de la penumbra
a la luz, a una luz que me ciega.
Ya mi frente se distiende en la partida.
Ya mi sangre se detiene levemente.
Sólo resta recibir las lágrimas
de aquellos que me dan la despedida.
No más despertarme en las mañanas
para ambular las calles sin destino.
Ahora mi cuerpo reposa hecho cenizas
más allá de las penurias vanas.
¿Veré acaso blancas banderas
meciéndose calladas en el viento?
¿O sepulcros antiguos, olvidados
en la obstinada quietud de cementerios?
Pronto sabré de misterios sempiternos
y sabré de los ruegos se lleva el viento.
O quizás dormiré sin despertarme
por los siglos y siglos venideros.