Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora sabes dónde buscar testigos,
donde no llegan tus ojos
cuando le pones párpados al silencio
y un toque de diana
te roza los labios.
Algunas lenguas vegetales
levantan peces a la aurora.
Yo pienso en la cordura.
En ese pasaje de luz
que te descubra,
sin tiempo,
sin la voz que te distancie
en la catedral del mirlo
que le acopia grilletes a la ausencia.
Quiero creer que de verdad existimos,
que la tinta de la noche escribe
algo de pecado y de siniestro.
Que nos prende las máquinas
que giran la tormenta,
el desconsuelo,
los ausentes en las mesas
quiero desprender el rezo
en tu costado de fe sin prisa
ahora que puedes ser la luz
de un vals en los cerezos
y confundir el brillo en el vuelo
de la luna sobre el pulso.
Ahora que sabemos pronunciamos,
Ahora que sabes dónde buscar testigos.
donde no llegan tus ojos
cuando le pones párpados al silencio
y un toque de diana
te roza los labios.
Algunas lenguas vegetales
levantan peces a la aurora.
Yo pienso en la cordura.
En ese pasaje de luz
que te descubra,
sin tiempo,
sin la voz que te distancie
en la catedral del mirlo
que le acopia grilletes a la ausencia.
Quiero creer que de verdad existimos,
que la tinta de la noche escribe
algo de pecado y de siniestro.
Que nos prende las máquinas
que giran la tormenta,
el desconsuelo,
los ausentes en las mesas
quiero desprender el rezo
en tu costado de fe sin prisa
ahora que puedes ser la luz
de un vals en los cerezos
y confundir el brillo en el vuelo
de la luna sobre el pulso.
Ahora que sabemos pronunciamos,
Ahora que sabes dónde buscar testigos.
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