Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Bajaré tu cuerpo,
sacaré los clavos,
dejaré ninguno,
pero muy despacio.
Sin hacerte daño.
De la cruz ajada,
tiraré los palos,
lavaré la sangre
que manchó tu manto
y estaré a tu lado.
Buscaré la forma
de curar tus manos,
curaré tu frente,
sanaré el costado
y estaré cuidando.
Llegarán las horas,
pasarán despacio
y aun teniendo sueño,
sin parar un rato,
seguiré rezando.
Y si sientes miedo,
estaré a tu lado.
Para consolarte,
te daré mi mano.
Seguirás soñando.
Al mirar tu rostro
de color rosado
sentiré en el alma
que lo estoy logrando.
Cesará mi llanto.
Sé que tienes cosas
por allí esperando
y te irás tan pronto
te despiertes sano.
Y veré tus pasos.
No me dejes solo
yo por ti esperando,
tu sonrisa alegre
y tu cuerpo sano.
Pero habrás partido.
En la noche oscura
y en el día claro,
tal vez solo un -!gracias!-
quedaré aguardando.
Y te habré entendido.
sacaré los clavos,
dejaré ninguno,
pero muy despacio.
Sin hacerte daño.
De la cruz ajada,
tiraré los palos,
lavaré la sangre
que manchó tu manto
y estaré a tu lado.
Buscaré la forma
de curar tus manos,
curaré tu frente,
sanaré el costado
y estaré cuidando.
Llegarán las horas,
pasarán despacio
y aun teniendo sueño,
sin parar un rato,
seguiré rezando.
Y si sientes miedo,
estaré a tu lado.
Para consolarte,
te daré mi mano.
Seguirás soñando.
Al mirar tu rostro
de color rosado
sentiré en el alma
que lo estoy logrando.
Cesará mi llanto.
Sé que tienes cosas
por allí esperando
y te irás tan pronto
te despiertes sano.
Y veré tus pasos.
No me dejes solo
yo por ti esperando,
tu sonrisa alegre
y tu cuerpo sano.
Pero habrás partido.
En la noche oscura
y en el día claro,
tal vez solo un -!gracias!-
quedaré aguardando.
Y te habré entendido.
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