BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Atravesaron esta puerta.
Demonios con sus túnicas intactas.
Sombras de un arpegio mítico.
Cedros ceñidos al viento, al aire.
Tu cara inédita, golpeada por la llovizna.
Azulados, tus ojos insisten, quizá
tercamente. La cólera asume el resto.
Tu vientre ya despechado, consumido.
Calcinas con tus labios la tumba
de los ángeles. Y estos maldicen
la lenta ascensión de las grutas.
Sí, en estas cavernas, hice ascenso.
Mirad, ya no queda nada. Una ruina
inmensa y sus cimientos despavoridos.
La casa profanada, el hermoso hilo
destrozado por la lluvia.
©
Demonios con sus túnicas intactas.
Sombras de un arpegio mítico.
Cedros ceñidos al viento, al aire.
Tu cara inédita, golpeada por la llovizna.
Azulados, tus ojos insisten, quizá
tercamente. La cólera asume el resto.
Tu vientre ya despechado, consumido.
Calcinas con tus labios la tumba
de los ángeles. Y estos maldicen
la lenta ascensión de las grutas.
Sí, en estas cavernas, hice ascenso.
Mirad, ya no queda nada. Una ruina
inmensa y sus cimientos despavoridos.
La casa profanada, el hermoso hilo
destrozado por la lluvia.
©