Aire

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Ardía su cara por el recio viento,

sus ojos lloraban sin pena,

la ropa flotaba,

los pies rozaban por las piedras

y la casa

no llegaba nunca para resguardarse.

Bridó su pensamiento,

su cuerpo pequeño,

la soledad se le metió dentro,

sintió mas recio el vendaval

mientras que sus piernas

empujaban lentas

la fuerza invisible

de Eolo furioso.

El camino creció esta tarde,

creció a lo largo,

invadió todo el aire,

y su tierra rojiza

flotaba con vida

alrededor de sus ojos,

de su boca…

Diviso la casa

abanicada con fuerza

por las dóciles mimosas

y pensó

que nunca habían sido tan largos

los pasos hacia su entrada.

La luz sobre la mesa,

la chimenea en ascuas,

el olor de su madre…

nunca habían tenido tanta fuerza

dentro de su alma.

La solidez de sus muros,

la calidez de su vientre

llena de objetos

que nadie los mueve

hace el ambiente seguro

denso y caliente,

acumulando olores.

La piel de Lucia

huele a muros densos

de la casa que la encierra,

que la abriga,

y que otras veces

la vomita triste

hacia el campo mas agreste.
 
Ardía su cara por el recio viento,

sus ojos lloraban sin pena,

la ropa flotaba,

los pies rozaban por las piedras

y la casa

no llegaba nunca para resguardarse.

Bridó su pensamiento,

su cuerpo pequeño,

la soledad se le metió dentro,

sintió mas recio el vendaval

mientras que sus piernas

empujaban lentas

la fuerza invisible

de Eolo furioso.

El camino creció esta tarde,

creció a lo largo,

invadió todo el aire,

y su tierra rojiza

flotaba con vida

alrededor de sus ojos,

de su boca…

Diviso la casa

abanicada con fuerza

por las dóciles mimosas

y pensó

que nunca habían sido tan largos

los pasos hacia su entrada.

La luz sobre la mesa,

la chimenea en ascuas,

el olor de su madre…

nunca habían tenido tanta fuerza

dentro de su alma.

La solidez de sus muros,

la calidez de su vientre

llena de objetos

que nadie los mueve

hace el ambiente seguro

denso y caliente,

acumulando olores.

La piel de Lucia

huele a muros densos

de la casa que la encierra,

que la abriga,

y que otras veces

la vomita triste

hacia el campo mas agreste.
Me ha gustado mucho este poema, rico en sentimientos y muy visual en su sensible y bella escritura. Abrazote vuela amiga María. Paco.
 
Ardía su cara por el recio viento,
sus ojos lloraban sin pena,
la ropa flotaba,
los pies rozaban por las piedras
y la casa
no llegaba nunca para resguardarse.
Bridó su pensamiento,
su cuerpo pequeño,
la soledad se le metió dentro,
sintió mas recio el vendaval
mientras que sus piernas
empujaban lentas
la fuerza invisible
de Eolo furioso.

El camino creció esta tarde,
creció a lo largo,
invadió todo el aire,
y su tierra rojiza
flotaba con vida
alrededor de sus ojos,
de su boca…

Diviso la casa
abanicada con fuerza
por las dóciles mimosas
y pensó
que nunca habían sido tan largos
los pasos hacia su entrada.
La luz sobre la mesa,
la chimenea en ascuas,
el olor de su madre…
nunca habían tenido tanta fuerza
dentro de su alma.

La solidez de sus muros,
la calidez de su vientre
llena de objetos
que nadie los mueve
hace el ambiente seguro
denso y caliente,
acumulando olores.
La piel de Lucia
huele a muros densos
de la casa que la encierra,
que la abriga,
y que otras veces
la vomita triste
hacia el campo mas agreste.

Dos visiones dentro del mismo poema en el que nos desarrollas las dificultades de un exterior molesto y las comodidades de un hogar lleno de calor y bellos recuerdos. Un excelente poema.

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Ardía su cara por el recio viento,

sus ojos lloraban sin pena,

la ropa flotaba,

los pies rozaban por las piedras

y la casa

no llegaba nunca para resguardarse.

Bridó su pensamiento,

su cuerpo pequeño,

la soledad se le metió dentro,

sintió mas recio el vendaval

mientras que sus piernas

empujaban lentas

la fuerza invisible

de Eolo furioso.

El camino creció esta tarde,

creció a lo largo,

invadió todo el aire,

y su tierra rojiza

flotaba con vida

alrededor de sus ojos,

de su boca…

Diviso la casa

abanicada con fuerza

por las dóciles mimosas

y pensó

que nunca habían sido tan largos

los pasos hacia su entrada.

La luz sobre la mesa,

la chimenea en ascuas,

el olor de su madre…

nunca habían tenido tanta fuerza

dentro de su alma.

La solidez de sus muros,

la calidez de su vientre

llena de objetos

que nadie los mueve

hace el ambiente seguro

denso y caliente,

acumulando olores.

La piel de Lucia

huele a muros densos

de la casa que la encierra,

que la abriga,

y que otras veces

la vomita triste

hacia el campo mas agreste.
Magnifica obra pues acaricia esas formas huerfanas y
llenas de melancolia, densidad y a la vez como un
mapa de sentimientos abiertos entre distintos senderos
de tristeza. excelente. saludos de luzyabsenta
 
Ardía su cara por el recio viento,

sus ojos lloraban sin pena,

la ropa flotaba,

los pies rozaban por las piedras

y la casa

no llegaba nunca para resguardarse.

Bridó su pensamiento,

su cuerpo pequeño,

la soledad se le metió dentro,

sintió mas recio el vendaval

mientras que sus piernas

empujaban lentas

la fuerza invisible

de Eolo furioso.

El camino creció esta tarde,

creció a lo largo,

invadió todo el aire,

y su tierra rojiza

flotaba con vida

alrededor de sus ojos,

de su boca…

Diviso la casa

abanicada con fuerza

por las dóciles mimosas

y pensó

que nunca habían sido tan largos

los pasos hacia su entrada.

La luz sobre la mesa,

la chimenea en ascuas,

el olor de su madre…

nunca habían tenido tanta fuerza

dentro de su alma.

La solidez de sus muros,

la calidez de su vientre

llena de objetos

que nadie los mueve

hace el ambiente seguro

denso y caliente,

acumulando olores.

La piel de Lucia

huele a muros densos

de la casa que la encierra,

que la abriga,

y que otras veces

la vomita triste

hacia el campo mas agreste.

Enardecidos versos en la varisnte de su excelsa poesía amiga María.
Un placer disfrutar de su lectura.
Un abrazo
 

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