Ardía su cara por el recio viento,
sus ojos lloraban sin pena,
la ropa flotaba,
los pies rozaban por las piedras
y la casa
no llegaba nunca para resguardarse.
Bridó su pensamiento,
su cuerpo pequeño,
la soledad se le metió dentro,
sintió mas recio el vendaval
mientras que sus piernas
empujaban lentas
la fuerza invisible
de Eolo furioso.
El camino creció esta tarde,
creció a lo largo,
invadió todo el aire,
y su tierra rojiza
flotaba con vida
alrededor de sus ojos,
de su boca…
Diviso la casa
abanicada con fuerza
por las dóciles mimosas
y pensó
que nunca habían sido tan largos
los pasos hacia su entrada.
La luz sobre la mesa,
la chimenea en ascuas,
el olor de su madre…
nunca habían tenido tanta fuerza
dentro de su alma.
La solidez de sus muros,
la calidez de su vientre
llena de objetos
que nadie los mueve
hace el ambiente seguro
denso y caliente,
acumulando olores.
La piel de Lucia
huele a muros densos
de la casa que la encierra,
que la abriga,
y que otras veces
la vomita triste
hacia el campo mas agreste.
sus ojos lloraban sin pena,
la ropa flotaba,
los pies rozaban por las piedras
y la casa
no llegaba nunca para resguardarse.
Bridó su pensamiento,
su cuerpo pequeño,
la soledad se le metió dentro,
sintió mas recio el vendaval
mientras que sus piernas
empujaban lentas
la fuerza invisible
de Eolo furioso.
El camino creció esta tarde,
creció a lo largo,
invadió todo el aire,
y su tierra rojiza
flotaba con vida
alrededor de sus ojos,
de su boca…
Diviso la casa
abanicada con fuerza
por las dóciles mimosas
y pensó
que nunca habían sido tan largos
los pasos hacia su entrada.
La luz sobre la mesa,
la chimenea en ascuas,
el olor de su madre…
nunca habían tenido tanta fuerza
dentro de su alma.
La solidez de sus muros,
la calidez de su vientre
llena de objetos
que nadie los mueve
hace el ambiente seguro
denso y caliente,
acumulando olores.
La piel de Lucia
huele a muros densos
de la casa que la encierra,
que la abriga,
y que otras veces
la vomita triste
hacia el campo mas agreste.