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Aires de miedo

Tema en 'Fantásticos, C. Ficción, terror, aventura, intriga' comenzado por Nat Guttlein, 18 de Octubre de 2018. Respuestas: 2 | Visitas: 342

  1. Nat Guttlein

    Nat Guttlein アカリ

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    Jueves 18 de octubre,
    Caía en soledad una de aquellas noches que suelen rebosar la taza de café, que arrebatan de lleno tus sueños y pesadillas. Mamá trabajaba haciendo hasta dobles turnos, puertas cerradas, televisor apagado y el silencio reinando en la casa. Todo parecía estar totalmente cubierto en una fina capa de armonía, hasta aquel momento.
    Sutil se cernia sobre el clima de mi habitación, el sonido chillón del ventilador anunciando falta de aceite. Pero no era parecido a ningún rechinar que mis oídos hayan escuchado antes, éste parecía retumbar en las paredes, demoler los pedazos de revoque que iban a parar al suelo, mis latidos comenzaban a atorarse en mis entrañas. El interruptor de la luz del velador, se encontraba en mi mano, no se exactamente en que momento había ido a parar allí, la claridad nació solapando toda la recámara. Un halo de intensidad me hacía cosquillas en los pies, las bolas de pelo del gato sobre el piso no se movían, de pronto, el ropero comenzó a quejarse, tambalendose de un lado al otro sin razón aparente, sus puertas en un completo frenesí chocaban sin cesar, me ardían los ojos pero llamativamente no podía cerrarlos, las manos rígidas a mis costados afixiaban las sábanas, mis uñas se adherian en carne viva a mis puños.
    Cuando pareció detenerse, la cajonera tomo protagonismo, sin pedir permiso un cajón salio lanzado hacia mi cama, luego otro que hubiese dado en mi frente si no me ponía de pie. El tele bailaba sobre el mueble que parecía poseído, en seco cayó al piso, pedazos de un artefacto totalmente inmune al dolor se hallaban frente a mis ojos.
    Ojos secos, que ardían como el alcohol sobre la herida, o la aceite sobre la piel. Ojos que no podía cerrar, manos que por el contrario parecían no abrirse a mis costados. El chillido seguía ahí penetrando el entonces ahora, aire pesado. Mi cuerpo comenzó a moverse también, no se en que momento iniciaron los temblores, esos que me recordaban las varias citas con la aguja que tenía de vez en cuando.
    Y cuando todo parecía hallarse quieto, lo peor se originó a mis espaldas. No eran pisadas, el suelo seco recibía arañazos de los que parecían, pies pesados arrastrándose, el ventilador se detuvo a observar, quedándose tildado. Podía percibir el aire en mi cuerpo. La sangre en mi interior se había tildado, la respiración se agitaba y una batalla se libraba en mi pecho. No podía ver, mi vista seca no respondía, no acaparaba nada de lo que ante mi se encontraba.
    Todas mis pesadillas surgieron en un remolino imponente ante mi mente, el sudor yacia en mi cuello, gotas saladas que resbalaban en total silencio para depositarse en la curvatura de mis senos. El destino respiraba en mi nuca, una brisa gélida. Una atmósfera repulsiva oprimia mis entrañas, la cena de aquella noche, giraba en círculos dentro de mi estómago. Los pulmones se habían llenado de piedras, duros, fatigosos lloraban. No eran mías las lágrimas, sino, de ellos.
    Las noches de tabaco adquirían protagonismo en aquel preciso instante. Las paredes retunbaban. Quien se encontraba a mis espaldas, no manifestaba nada. El silencio me carcomia la mente, sentía todo aquel pánico disfrutar destazandolo pedazo por pedazo.
    El odio incrementaba subiendo y bajando por mi abdomen. La criatura, persona, animal o cosa que allí me observaba, no emitía movimiento alguno. Su mutismo me asqueaba, iba a desmayarme de tanto suponer, planear, presentir y meditar.
    Misterio y sigilo se daban la mano sobre mi espalda, el espejo no ayudaba, estaba demasiado lejos. La puerta cerrada parecía burlarse. La ventana, no tengo idea de en que momento, se encontraba abierta. El olor que despedía la noche, llegaba a mi nariz. Los sonidos nativos de la soledad hacían dueto con el del ventilador.
    La criatura se acercó, el fin caminaba a zancadas largas y seguras hacia mi. De reojo lo observaba llegar. Cuando de pronto, sucedió lo que menos esperaba. Mis Ojos, luceros fanales en total agonía, se cerraron, no fue ninguna criatura o mueble maldito quien me recibió al abrirlos. Si no el sol de un nuevo día. Aquel que me anunciaba que a veces, sólo a veces, el miedo te contempla desde lo alto pero es uno quien tiene el poder sobre él.
     
    #1
    Última modificación: 23 de Marzo de 2020
    A Nudo, Acnamalas y manuelo les gusta esto.
  2. Acnamalas

    Acnamalas Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Amena la lectura, considero es prosa y no poesía. Saludos Nat Guttlein,
     
    #2
    Última modificación: 24 de Septiembre de 2019
    A Nat Guttlein le gusta esto.
  3. Nudo

    Nudo Poeta que considera el portal su segunda casa

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    ...bien...
    yo tampoco pude dejar de seguirte en ese recorrido.
    saludos.
     
    #3
    A Nat Guttlein le gusta esto.

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