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Aires de otoño

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
El otoño es la manera que tiene el bosque
de sangrar para curarse.
Una hoja en la eternidad de caer
es una dentellada del árbol a la luz que lo sostiene,
resplandor que vuelve a su útero de arcilla.
Todo queda en su pura estatua,
gestos que navegan los remansos de azafrán:
se han extraviado las veredas,
solo quedan las señales del regreso
a donde la flor de hibisco se inyecta al colibrí
(apenas pájaro, casi suspiro, todo relámpago),
y volar es siempre el florecer tornasolado
de una mirada muy atrás en el perfume del tiempo.
Los ojos se repliegan hasta el origen de la chispa,
el paisaje tiene la nitidez de una postal
que el vaho del aliento dibuja en la ventana.
Las piedras resfriadas estornudan entre la niebla
los espíritus de los ausentes abrazados
en el tango de arrabal del viento.
El viento entre las ramas
puede escribirse
con los cabellos.
El viento nos lee. Somos párrafos en el viento,
somos la raíz y la sombra del viento,
algo desnudo que busca anudarse en una promesa
de retoñar al alba o de verternos a la noche,
mientras un aire de estrellas distantes
barre las hojas del techo.

19 de septiembre de 2024
 
El otoño es la manera que tiene el bosque
de sangrar para curarse.
Una hoja en la eternidad de caer
es una dentellada del árbol a la luz que lo sostiene,
resplandor que vuelve a su útero de arcilla.
Todo queda en su pura estatua,
gestos que navegan los remansos de azafrán:
se han extraviado las veredas,
solo quedan las señales del regreso
a donde la flor de hibisco se inyecta al colibrí
(apenas pájaro, casi suspiro, todo relámpago),
y volar es siempre el florecer tornasolado
de una mirada muy atrás en el perfume del tiempo.
Los ojos se repliegan hasta el origen de la chispa,
el paisaje tiene la nitidez de una postal
que el vaho del aliento dibuja en la ventana.
Las piedras resfriadas estornudan entre la niebla
los espíritus de los ausentes abrazados
en el tango de arrabal del viento.
El viento entre las ramas
puede escribirse
con los cabellos.
El viento nos lee. Somos párrafos en el viento,
somos la raíz y la sombra del viento,
algo desnudo que busca anudarse en una promesa
de retoñar al alba o de verternos a la noche,
mientras un aire de estrellas distantes
barre las hojas del techo.

19 de septiembre de 2024
Es un hermoso paisaje, Flaco, que promete que tu pinchelirismo se pondrá esplendoroso re.
Abrazos y chanclazos.
 
Es un hermoso paisaje, Flaco, que promete que tu pinchelirismo se pondrá esplendoroso re.
Abrazos y chanclazos.
El mal de otoño un delirio muy común, como un resfriado estacional con todos sus pañuelos tiesos de mocos. Bueno, qué te cuento si tú ya sabes, Rominovski, aunque seguramente ya estás bordando tus jardines aromáticos con las primaverales mariposas de tu panza.
Te abrazo mucho, piba. Cuida tus alergias.
 
El otoño es la manera que tiene el bosque
de sangrar para curarse.
Una hoja en la eternidad de caer
es una dentellada del árbol a la luz que lo sostiene,
resplandor que vuelve a su útero de arcilla.
Todo queda en su pura estatua,
gestos que navegan los remansos de azafrán:
se han extraviado las veredas,
solo quedan las señales del regreso
a donde la flor de hibisco se inyecta al colibrí
(apenas pájaro, casi suspiro, todo relámpago),
y volar es siempre el florecer tornasolado
de una mirada muy atrás en el perfume del tiempo.
Los ojos se repliegan hasta el origen de la chispa,
el paisaje tiene la nitidez de una postal
que el vaho del aliento dibuja en la ventana.
Las piedras resfriadas estornudan entre la niebla
los espíritus de los ausentes abrazados
en el tango de arrabal del viento.
El viento entre las ramas
puede escribirse
con los cabellos.
El viento nos lee. Somos párrafos en el viento,
somos la raíz y la sombra del viento,
algo desnudo que busca anudarse en una promesa
de retoñar al alba o de verternos a la noche,
mientras un aire de estrellas distantes
barre las hojas del techo.

19 de septiembre de 2024
Quería destacar algún verso , pero me fui tropezando no solo con uno, sino dos, tres,... Todo el poema es magnífico, poeta. Es un enorme placer leerte.
 
El otoño es la manera que tiene el bosque
de sangrar para curarse.
Una hoja en la eternidad de caer
es una dentellada del árbol a la luz que lo sostiene,
resplandor que vuelve a su útero de arcilla.
Todo queda en su pura estatua,
gestos que navegan los remansos de azafrán:
se han extraviado las veredas,
solo quedan las señales del regreso
a donde la flor de hibisco se inyecta al colibrí
(apenas pájaro, casi suspiro, todo relámpago),
y volar es siempre el florecer tornasolado
de una mirada muy atrás en el perfume del tiempo.
Los ojos se repliegan hasta el origen de la chispa,
el paisaje tiene la nitidez de una postal
que el vaho del aliento dibuja en la ventana.
Las piedras resfriadas estornudan entre la niebla
los espíritus de los ausentes abrazados
en el tango de arrabal del viento.
El viento entre las ramas
puede escribirse
con los cabellos.
El viento nos lee. Somos párrafos en el viento,
somos la raíz y la sombra del viento,
algo desnudo que busca anudarse en una promesa
de retoñar al alba o de verternos a la noche,
mientras un aire de estrellas distantes
barre las hojas del techo.

19 de septiembre de 2024

Todo el poema dedicado a esa maravilla de estación que es el otoño es un paseo, un viaje agradable a través de tus letras que honran todas esas sensaciones que llegan a conmover.
Es un tiempo de sabiduría y reflexión.
Y claro que también el viento nos lee... por eso somos poetas.
Fue un gusto leerte, Pedro.
Un abrazo desde este lado del mundo primaveral.
 
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El otoño es la manera que tiene el bosque
de sangrar para curarse.
Una hoja en la eternidad de caer
es una dentellada del árbol a la luz que lo sostiene,
resplandor que vuelve a su útero de arcilla.
Todo queda en su pura estatua,
gestos que navegan los remansos de azafrán:
se han extraviado las veredas,
solo quedan las señales del regreso
a donde la flor de hibisco se inyecta al colibrí
(apenas pájaro, casi suspiro, todo relámpago),
y volar es siempre el florecer tornasolado
de una mirada muy atrás en el perfume del tiempo.
Los ojos se repliegan hasta el origen de la chispa,
el paisaje tiene la nitidez de una postal
que el vaho del aliento dibuja en la ventana.
Las piedras resfriadas estornudan entre la niebla
los espíritus de los ausentes abrazados
en el tango de arrabal del viento.
El viento entre las ramas
puede escribirse
con los cabellos.
El viento nos lee. Somos párrafos en el viento,
somos la raíz y la sombra del viento,
algo desnudo que busca anudarse en una promesa
de retoñar al alba o de verternos a la noche,
mientras un aire de estrellas distantes
barre las hojas del techo.

19 de septiembre de 2024

Solo resta disfrutar la excelente escritura.
Gracias por compartir tus versos en este Portal.
Un abrazo, amigo.
 
Es un poema de ensueño y es eso lo que logra hacernos sentir el otoño con su magia, es como re-descubrirnos en los aromas del tiempo que pareciera ser uno confundiendo pasado y presente.
Es un poema que atrapa dulcemente al lector y el que es un honor leer varias veces.
Un gran abrazo y son mis deseos que pases un feliz Fin de Año y que el 2025 llegue colmado de alegrías y bendiciones para vos y todos tus seres queridos.
 
El otoño es la manera que tiene el bosque
de sangrar para curarse.
Una hoja en la eternidad de caer
es una dentellada del árbol a la luz que lo sostiene,
resplandor que vuelve a su útero de arcilla.
Todo queda en su pura estatua,
gestos que navegan los remansos de azafrán:
se han extraviado las veredas,
solo quedan las señales del regreso
a donde la flor de hibisco se inyecta al colibrí
(apenas pájaro, casi suspiro, todo relámpago),
y volar es siempre el florecer tornasolado
de una mirada muy atrás en el perfume del tiempo.
Los ojos se repliegan hasta el origen de la chispa,
el paisaje tiene la nitidez de una postal
que el vaho del aliento dibuja en la ventana.
Las piedras resfriadas estornudan entre la niebla
los espíritus de los ausentes abrazados
en el tango de arrabal del viento.
El viento entre las ramas
puede escribirse
con los cabellos.
El viento nos lee. Somos párrafos en el viento,
somos la raíz y la sombra del viento,
algo desnudo que busca anudarse en una promesa
de retoñar al alba o de verternos a la noche,
mientras un aire de estrellas distantes
barre las hojas del techo.

19 de septiembre de 2024
Sencillamente, genial.
Te deseo un buen año 2025.
Un abrazo, Pedro.
 
El otoño es la manera que tiene el bosque
de sangrar para curarse.
Una hoja en la eternidad de caer
es una dentellada del árbol a la luz que lo sostiene,
resplandor que vuelve a su útero de arcilla.
Todo queda en su pura estatua,
gestos que navegan los remansos de azafrán:
se han extraviado las veredas,
solo quedan las señales del regreso
a donde la flor de hibisco se inyecta al colibrí
(apenas pájaro, casi suspiro, todo relámpago),
y volar es siempre el florecer tornasolado
de una mirada muy atrás en el perfume del tiempo.
Los ojos se repliegan hasta el origen de la chispa,
el paisaje tiene la nitidez de una postal
que el vaho del aliento dibuja en la ventana.
Las piedras resfriadas estornudan entre la niebla
los espíritus de los ausentes abrazados
en el tango de arrabal del viento.
El viento entre las ramas
puede escribirse
con los cabellos.
El viento nos lee. Somos párrafos en el viento,
somos la raíz y la sombra del viento,
algo desnudo que busca anudarse en una promesa
de retoñar al alba o de verternos a la noche,
mientras un aire de estrellas distantes
barre las hojas del techo.

19 de septiembre de 2024
Tu poema es deleitoso, querido Pedro. Eres un poeta, como varios de este portal, que recomendaría leer. Te mando un abrazo. Sabes, he pensado que eres como un hermano, alguien en quien puedo confiar. Feliz año nuevo. Hablar a veces del poema sobra.
 
Hice mi ejercicio poético, querido amigo, no podría mejorar tu poema, solo hacer mi propia versión.
Nostalgia

"mientras un aire de estrellas distantes

barren las hojas del techo." Aires de otoño, Pedro Olvera.



I.

La tierra bebió sangre inocente,

su útero reclama la moldura en dulce arcilla,

las huellas de celestes dedos

difuminadas entre curvaturas,

ha dicho: ¡Amásame!

¡Dame otra embriaguez en los giros de tu luz!



II.

¡Ah, el Azafrán de la pradera!

Si yo me extraviara en su remanso,

en la exquisitez de su perfume

estallando en supernovas al anochecer:

encontraría el primer llanto,

el primer canto abierto de la tarde.



III.

Recogías las hojas de nostalgia que iban cayendo

como una murmuración de los tejados,

de aquel tango, entre arrabales,

cuando volvías a cubrir mi desnudez

por los quejidos del bandoneón.



IV.

Y vienes a sembrarme las risas de cabellos al viento

para que de esta fragilidad retoñe

la más copiosa arboleda.
 
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"El viento entre las ramas
puede escribirse con los cabellos.
El viento nos lee. Somos párrafos en el viento,
somos la raíz y la sombra del viento,
algo desnudo que busca anudarse en una promesa
de retoñar al alba o de verternos a la noche,
mientras un aire de estrellas distantes
barre las hojas del techo."

Qué buen café me tomé contigo, Pedro.
Hagamos un trato, compañero,
yo me llevo un poquito de tu otoño
y te dejo un cachito de viento... Un abrazo



 
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