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Aixcaquema

Tema en 'Prosa: Obra maestra' comenzado por Roberto V., 8 de Junio de 2020. Respuestas: 0 | Visitas: 68

  1. Roberto V.

    Roberto V. Poeta recién llegado

    Se incorporó:
    10 de Marzo de 2018
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    Género:
    Hombre
    La tierra se prepara para su llegada. Un mes antes impregnó su polvo con la semilla de guámara y vio fenecer el regalo amarrillo del guamúchil. Los tonaltecas lo saben, pues las campanas de Santo Santiago hacen un llamado a consagrar el suceso cual acto sincrético. Algunos ausentes de los callejones salen. Cepillan las colas de caballo que cuelgan de sus máscaras, se ocultan en ellas con arañas, serpientes, lagartijas, animales de ponzoña y pintura simulando el destemple. Muchos cuerpos cubiertos, pero varios brazos, almas y piernas destapadas.

    Una vez que los naturales están listos y él último Amén resuena en el santuario, Tonalá abre su telón. Los tambores dan pulso a los corazones a lo largo del peregrinar y la chirimía es la batuta que guía hasta el cerro del ombligo y municipio. Hasta el frente se halla la monarca Cihualpilli de Tonallan cargando una cruz y coronada con un pequeño copilli, símbolo de la victoria del paráclito.

    Aunque el espectáculo comienza en las calles, hay gente que ya espera en el lugar donde se dará el acto principal. Las señoras con madíl, los señores con huaraches y los nahuales que se hallaban escondidos en los rincones están a la expectativa. No hay incertidumbre del qué, sino del cuándo.

    La crisis empieza. Los hilos de la historia comienzan a tirar y el alma blanca sale a escena. La excitación de los espectadores se hace obvia, todos buscan al tlatoani. Estos no tienen tiempo de pensar. Los enmascarados corren eufóricos hacia el santo, lo rodean, burlan, dan muerte arrancando su cabeza y lo devoran.

    Un soliloquio de aullidos resuena y produce que los vellos se ericen. La perra ha llegado. Le llora, le huele, le extraña. El tastoán traidor, a quien los naturales creían una fiel guía de sus muertos, resurge al santo Santiago revirtiendo la acción del verdugo, y juntos azotan a los bélicos defensores.

    El mezquite hace brotar la sangre de la piel, pero los nacidos en las cunas de barro han olvidado como sentir el dolor en sus cuerpos cuando su corazón se encuentra bailando en la cadencia del coraje.

    Uno por uno caen vencidos, pletóricos de llagas y sudor. La masacre culminó. Para el clero murieron los demonios, pero para muchos los guerreros. Un final ya sabido, pero se presencia un momento revivido.​

    La verdadera esencia de un tastoán es morir luchando al aguerrido grito de aixcaquema, que nace en los más profundo del corazón. ¡Aixcaquema!, se escucha gritar, ¡Aixcaquema!
     
    #1
    Última modificación: 16 de Junio de 2020

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