Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desgarra al aire argentino clarín,
en ecos de mortífero aquelarre.
Grito en la atalaya y el polvorín,
blasón al viento que el temor no barre.
Las fuerzas en el campo de batalla,
aprestanse furiosas al combate.
Valiente campeador en la muralla,
arenga al fuego que en la hueste late!
A lo lejos la oscura fortaleza,
despliega soldadesca en pos de guerra.
Arqueros mil que en singular proeza,
teñirán de gris, sol en cielo y tierra!
Y al frente la primera infantería,
tomará palmo a palmo final suerte.
Y al flanco la inquieta caballería,
doblará campanada vil de muerte.
En secreto la iglesia consejera,
se mueve en traicioneras diagonales.
Báculo, escudo en dama justiciera,
a la vera de roques imperiales!
Y oculto en las filas anciano rey,
frió estratega, poderoso juez,
juega su vida, devoción y ley,
en oscura partida de ajedrez...
en ecos de mortífero aquelarre.
Grito en la atalaya y el polvorín,
blasón al viento que el temor no barre.
Las fuerzas en el campo de batalla,
aprestanse furiosas al combate.
Valiente campeador en la muralla,
arenga al fuego que en la hueste late!
A lo lejos la oscura fortaleza,
despliega soldadesca en pos de guerra.
Arqueros mil que en singular proeza,
teñirán de gris, sol en cielo y tierra!
Y al frente la primera infantería,
tomará palmo a palmo final suerte.
Y al flanco la inquieta caballería,
doblará campanada vil de muerte.
En secreto la iglesia consejera,
se mueve en traicioneras diagonales.
Báculo, escudo en dama justiciera,
a la vera de roques imperiales!
Y oculto en las filas anciano rey,
frió estratega, poderoso juez,
juega su vida, devoción y ley,
en oscura partida de ajedrez...
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