jagrmich
Poeta recién llegado
AL AMANECER
En el viaje más largo de mi vida me encuentro, tratando de conquistar nuevas tierras, llenas de peligro y deseo es lo que anhelo. El día de hoy he logrado, tras una interminable noche llena de escarpadas avenidas, llegar a este punto vital en donde el manto de la noche ha caído derrocado tras los encantos sutiles del primer haz de luz que se habré paso entre las abruptas pendientes de las montañas que diviso a lo lejos, es allí donde se concentra mi atención y donde el Sol, parece centrar la propia, mostrando como con un fino rayo, matiza desde la cúspide hasta las profundidades de aquella cordillera. Noto, como el suave rayo apenas comienza a rozar cada parte del paisaje, como se detiene, lo disfruta, como sigue avanzando y lo saborea, como continua con su viaje hacia la parte sur del valle, y como lo sigue disfrutando, pasan segundos o tal vez minutos, y la luz sigue paseándose suave y placidamente entre la serranía, besando hasta la ínfima parte de la campiña, anhelando recorrer el mismo lugar en otra ocasión.
Pasa un instante y solo contemplo el paisaje. Me fascina como al sentir el calor matinal, el ambiente cambia por completo, como los bosques recobran vida, como parecen retorcerse de ese placer efímero que solo proporciona el calor interno que se genera en cada ocasión que se repite el suceso, el sonido que surge de las grietas bajo mis manos, mis pies, bajo mi cuerpo; ese gemido mezcla de dolor y satisfacción que generalmente termina en un profundo suspiro, que no recuerda otra cosa que una vida que comienza o una que termina.
El primer haz del amanecer continúa su camino, y sigue en dirección sur, rozando cada parte de aquel difuso lugar. Cada resquicio habido en este panorama es recubierto por el amoroso fulgor de aquel instante, no ha dejado pasar ni un detalle y lo recorre con singular delicia. Siguiendo el viaje, avanza hasta una gruta al parecer nunca antes cogida, la cual le ha entretenido su avance ya que la ternura y el reto que esa cavidad enmarca es todo un misterio y un goce al mismo tiempo. Se acerca silenciosa y hábilmente, sabiente de la posibilidad de sensaciones que de este socavón emergen, actúa sin perder el tiempo, y de nuevo el ambiente se tensa de emociones enigmáticas pero irrefutables. Pasan segundos, tal vez minutos, no lo sé y el lugar se mueve rítmica y encantadoramente. De pronto un ruido, que ya había percibido con anterioridad ese gemido que se escucha a lo lejos, aun más allá de las montañas ¡me encanta!
El amanecer esta a punto de llegar a mí, cuando se detiene en aquel lugar que poco diviso, tal vez por la posición pero parece ser el principal objetivo de tan ansioso viaje por toda la planicie. Comienzo a avanzar para mirar con mayor claridad de lo que se trata. Avanzo lenta y plácidamente, desde mi posición, intentando usar la misma técnica de aquel rayo matinal, rozando cada hendidura, saboreando cada centímetro, percibiendo cada esencia, endulzando cada paso
Por fin he llegado a la zona enmarcada, al lugar prometido, a la cúspide de los grandes placeres, ahora me detengo en la entrada Fascinado me he quedado sin palabras, solo escucho aquel delicioso sonido a lo lejos, aun más allá de las montañas Que sin desearlo me guía por tan oscuro pasadizo, enciendo la luz que me guiará por este ambiguo camino, veo una sombra, y retrocedo. Continuo mi camino, veo otra sombra y retrocedo. Continuo mi camino, veo una sombra más y retrocedo
Parece interminable mi cobardía, pasan segundos, minutos o tal vez horas Siento, como un fulgor interminable recorre mi ser entero, es como si una nueva vida se abriera paso dentro de mi, es como un destello de amoroso placer, de cautiva pasión, se gritos callados, de silencios aclamados, es una sensación de loca emoción presa que por el momento no dejaré escapar
Y el amanecer continuó su viaje hacia el sur, pasaron segundos, minutos o tal vez horas, solo sé que la vida no detiene su camino, y el amor, por fin alumbró el mío. Y solo escucho aquel delicioso sonido a lo lejos, aun más allá de las montañas
En el viaje más largo de mi vida me encuentro, tratando de conquistar nuevas tierras, llenas de peligro y deseo es lo que anhelo. El día de hoy he logrado, tras una interminable noche llena de escarpadas avenidas, llegar a este punto vital en donde el manto de la noche ha caído derrocado tras los encantos sutiles del primer haz de luz que se habré paso entre las abruptas pendientes de las montañas que diviso a lo lejos, es allí donde se concentra mi atención y donde el Sol, parece centrar la propia, mostrando como con un fino rayo, matiza desde la cúspide hasta las profundidades de aquella cordillera. Noto, como el suave rayo apenas comienza a rozar cada parte del paisaje, como se detiene, lo disfruta, como sigue avanzando y lo saborea, como continua con su viaje hacia la parte sur del valle, y como lo sigue disfrutando, pasan segundos o tal vez minutos, y la luz sigue paseándose suave y placidamente entre la serranía, besando hasta la ínfima parte de la campiña, anhelando recorrer el mismo lugar en otra ocasión.
Pasa un instante y solo contemplo el paisaje. Me fascina como al sentir el calor matinal, el ambiente cambia por completo, como los bosques recobran vida, como parecen retorcerse de ese placer efímero que solo proporciona el calor interno que se genera en cada ocasión que se repite el suceso, el sonido que surge de las grietas bajo mis manos, mis pies, bajo mi cuerpo; ese gemido mezcla de dolor y satisfacción que generalmente termina en un profundo suspiro, que no recuerda otra cosa que una vida que comienza o una que termina.
El primer haz del amanecer continúa su camino, y sigue en dirección sur, rozando cada parte de aquel difuso lugar. Cada resquicio habido en este panorama es recubierto por el amoroso fulgor de aquel instante, no ha dejado pasar ni un detalle y lo recorre con singular delicia. Siguiendo el viaje, avanza hasta una gruta al parecer nunca antes cogida, la cual le ha entretenido su avance ya que la ternura y el reto que esa cavidad enmarca es todo un misterio y un goce al mismo tiempo. Se acerca silenciosa y hábilmente, sabiente de la posibilidad de sensaciones que de este socavón emergen, actúa sin perder el tiempo, y de nuevo el ambiente se tensa de emociones enigmáticas pero irrefutables. Pasan segundos, tal vez minutos, no lo sé y el lugar se mueve rítmica y encantadoramente. De pronto un ruido, que ya había percibido con anterioridad ese gemido que se escucha a lo lejos, aun más allá de las montañas ¡me encanta!
El amanecer esta a punto de llegar a mí, cuando se detiene en aquel lugar que poco diviso, tal vez por la posición pero parece ser el principal objetivo de tan ansioso viaje por toda la planicie. Comienzo a avanzar para mirar con mayor claridad de lo que se trata. Avanzo lenta y plácidamente, desde mi posición, intentando usar la misma técnica de aquel rayo matinal, rozando cada hendidura, saboreando cada centímetro, percibiendo cada esencia, endulzando cada paso
Por fin he llegado a la zona enmarcada, al lugar prometido, a la cúspide de los grandes placeres, ahora me detengo en la entrada Fascinado me he quedado sin palabras, solo escucho aquel delicioso sonido a lo lejos, aun más allá de las montañas Que sin desearlo me guía por tan oscuro pasadizo, enciendo la luz que me guiará por este ambiguo camino, veo una sombra, y retrocedo. Continuo mi camino, veo otra sombra y retrocedo. Continuo mi camino, veo una sombra más y retrocedo
Parece interminable mi cobardía, pasan segundos, minutos o tal vez horas Siento, como un fulgor interminable recorre mi ser entero, es como si una nueva vida se abriera paso dentro de mi, es como un destello de amoroso placer, de cautiva pasión, se gritos callados, de silencios aclamados, es una sensación de loca emoción presa que por el momento no dejaré escapar
Y el amanecer continuó su viaje hacia el sur, pasaron segundos, minutos o tal vez horas, solo sé que la vida no detiene su camino, y el amor, por fin alumbró el mío. Y solo escucho aquel delicioso sonido a lo lejos, aun más allá de las montañas
Jaromich Mikyntaro
Miguel 2002
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