Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Los recuerdos, piel de luna, se van asiendo de las cosas cotidianas, a las calles, a los parques, al aroma del café de las mañanas en donde te miro espiando sobre mi hombro cual si fuera la taza un espejo de obsidiana, en las avenidas restauradas que le nacen como cicatrices a éste barrio, en la melodía sin letra que silba el viento al caer la tarde, en el aturdimiento de una canción que se le escapa por la ventana a la razón.
Te recuerdo a cada paso, y sin embargo, creo que si tuviera que describirte no podría. Sucede, por ejemplo, con tu boca de acertijo cuando quiero hacerle un verso y se enrosca en mis labios y siento en los míos tus dientes de granizo y el dulce ardor de una mordida y la humedad de tu lengua y la de un beso y su aroma a manzanilla, pero ¿y mi nombre en ellos? se ha soltado tu boca definitiva del recuerdo, por más que esculco en el cajón de los olvidos no la encuentro en mi nombre.
Sé que tus ojos son verdes y que deliré en ellos y que tu mirada era suave como mar en calma, pero por más que escarbo en la memoria ya no puedo verme en ellos, duermo y sueño y vivo y sueño y no me miro, no me sé el contorno de tus ojos, ni el grueso de tus pestañas celdas de mí angustia.
No lo sé, tal vez sea el candor de las nostalgias, las ganas de que vuelvas, el dolor que sigue terco buscando el andar de tus caderas. Tal vez sea que en verdad me estoy curando, no así las cosas diarias.
Los recuerdos, ave de mi agüero, se han asido de las cosas cotidianas y se están soltado, como velas en tormenta, de tu norte, de tu viento.
. 30.12.11 en una tarde en donde la luna, curva y brillante cual navaja, no se asoma en mi mirada.
Te recuerdo a cada paso, y sin embargo, creo que si tuviera que describirte no podría. Sucede, por ejemplo, con tu boca de acertijo cuando quiero hacerle un verso y se enrosca en mis labios y siento en los míos tus dientes de granizo y el dulce ardor de una mordida y la humedad de tu lengua y la de un beso y su aroma a manzanilla, pero ¿y mi nombre en ellos? se ha soltado tu boca definitiva del recuerdo, por más que esculco en el cajón de los olvidos no la encuentro en mi nombre.
Sé que tus ojos son verdes y que deliré en ellos y que tu mirada era suave como mar en calma, pero por más que escarbo en la memoria ya no puedo verme en ellos, duermo y sueño y vivo y sueño y no me miro, no me sé el contorno de tus ojos, ni el grueso de tus pestañas celdas de mí angustia.
No lo sé, tal vez sea el candor de las nostalgias, las ganas de que vuelvas, el dolor que sigue terco buscando el andar de tus caderas. Tal vez sea que en verdad me estoy curando, no así las cosas diarias.
Los recuerdos, ave de mi agüero, se han asido de las cosas cotidianas y se están soltado, como velas en tormenta, de tu norte, de tu viento.
. 30.12.11 en una tarde en donde la luna, curva y brillante cual navaja, no se asoma en mi mirada.
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