Poeta Ciprés, nuevamente con su aval y con respeto por su poema.
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Qué dirías, si al levantar la frente,
después que la umbrosa partió aterida,
ver que al costado de tus labios cansados
otro par dormita, bajo tu membrana tibia?
En el amor como en la guerra,
todo se vale y es permitido,
entonces
¿Qué importa si la luna es queso
o si los ratones muerden,
el estómago en cosquillas?
Qué de raro tiene, si el verso fluye
fecundo en el alma de la que está presente?
No es la mano de aquél, que escribió los versos
Sino el alma del que ahora, lo declama ardiente.
Abierta la fibra y expuestos los huesos,
a la cocción lenta, en salmuera de placeres,
quedará en la silla, cerca de los labios
las membranas llovidas y con aroma de mieles.
Mayo dejó en la noche, abiertas sus ventanas
para ver la soledad, vituperar en su agonía,
fenece entre linos, entre las pieles colgadas
húmedas por las luchas, entre la fibra y el alma.
El invierno infringe su cuota dolosa,
pero la alborada llegará con primavera de claveles,
las corcheas del silencio danzaran su himno
y los besos besados no morderán la alfombra.