Al entrar...

Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
 
uy1 pues cualquiera se espanta...al entrar a ese lugar
me me multiplica la muerte, y me quedo como estatua de sal..

un placer visitarte, siempre tan creativo en cada tema.

abrazos maestro
 
intensos versos Jorge!!!
me dio escalofríos quien tuviera la suma de todos los días para vivirlos
el miedo se siente solo de pensar en la muerte
mas leerte es un placer
abrazos y saludos todos
 
Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT


Siempre me ha encantado leer esa capacidad tan grande que tienes de poner a trabajar esas letras mi querido amigo, es un placer pasar por aquí.
 
Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT


Siempre me ha encantado leer esa capacidad tan grande que tienes de poner a trabajar esas letras mi querido amigo, es un placer pasar por aquí.
 
Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Que propuestas traes estimado amigo, siempre en la profundidad de las palabras para describir un enmarcado donde el ser toca las cuerdas del miedo y se somete a la existencia, usa su credo para purificarse, despertando en la vida misma se da cuenta de los años y lo vivido, reconoce casi de forma fantasmal el entorno que le resulta tétrico pero real, lo retuerce hasta creer pero igual lo invade el miedo existencial... En resumen Jorge, todas tus obras son geniales, esta es magnifica por el poder que encierra, la fuerza del momento que queda como una foto en la mente al leerla, siempre me asombras. Un abrazo querido Gran poeta, mi amigo!
 
Toda una genialidad este misterioso poema, que vuelve a poner de manifiesto tu inmensa calidad creativa y tu maestria en el arte poético.
Un abrazo, mi amigo.
 
Excelente poema maestro Lemoine, profundos versos que describen claramente,
una visión y el temor a lo inevitable.
Que tan bueno?, que tan malo? sera tener el numero exacto de los días?
No lo se, deberíamos estar preparados, fácil de decir, difícil llevarlo acabo.
Buenas letras que invitan a la reflexión.
Saludos y un abrazo maestro, siempre es un placer leer su excelente trabajo.
Desire.
 
Última edición:
Al entrar...

Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT

Al entrar...
por

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT


Hay silencios que relajan,...
pero también los hay que alteran,
silencios húmedos,
un vapor, que al subir rumbo al celeste,
un frió hacen sentir,
se congela el pensamiento
se paraliza el valor
y el miedo por nuestro cuerpo
se esparce lentamente;
convirtiéndose en terror...

Estupendas imágenes que trasmiten un sentir difícil de describir...
mis sinceras felicitaciones,
aplausos y estrellas...
con el reconocimiento al gran poeta,
amigo y asesor.

GRACIAS

por compartir
es una satisfacción
leer tan bellos versos



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Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT



Es un precioso poema, tremendamente inquietante estimado Jorge. Una visión que parece evocar los arcanos temores de la infancia y a la vez despierta una viva emoción ante esos recuerdos.
Siempre un placer pasar por tus letras.
Saludos y estrellas todas.
 
Interesante tema muy bien
eleborado en tu bello poema.
Como siempre un placer de lectrura.
Buen trabajo Jorge.
Abrazoss. Laura.:)
 
Un poema inmenso y maravilloso, amigo querido... Caminando por los laberintos del alma... Las respuestas están, tal vez, en aquel lado y hay que cruzarle los ríos de tristezas y miedo... Realmente me ha llegado muy profundo. Abrazos y reputación.
 
Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT

Pero hombre Jorge...¿Como se te ocurre pedirle eso a un santo de barro, escayola o bronce. Ayyy. Ignorancia e ingenuidad en la pureza de un niño. Esos santos nada pueden ni para el bien ni para el mal. Por encima de ellos estan tus miedos, esperanzas y bondades. Esas gracias si te llenaran de luz el alma...
Aparte de esta tan particular forma mía de pensar. (En confianza)
En mi forma de ver, no hay más templo que el corazón, más religión que el amor y más santo que tu propia alma. Ahí no se pierde ninguna acción y oración. Recuerda por sus obras los conoceréis. ¡Obras son amores!

He de decirte que admiro tu versar. Se deleitan las niñas de mis ojos al leer tan suculento decir de tu sentimiento hecho poema. Es todo un placer leerte siempre. Gracias por compartir tus gracias.
Por ello te dejo reputación y esta alegre paz de compartir tiempo y poesía.
Vidal

 
Excelentes versos Jorge, estremecedores y de gran altura poética. Mis felicitaciones.
 
Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Buenas letras amigo Jorge, me ha gustado tu inspiración, gracias por compartirlo, abrazos.
 
Maestro Jorge, que fuerza nos transmites en "Al entrar...". Debo admitir que estoy desconcertado por los últimos versos... no se que decir, pero si reafirmar la enorme calidad de tu poesía y las lecciones que siempre nos das. Un abrazo fraterno, te dejo estrellas, reputación la tienes más que suficiente.
 
Yo, amigo Jorge, la próxima vez no entraría, no lo encuentro un lugar donde se respire amor, se respiran culpas y temor, misterio sin explicación a seres que nacemos condicionados de antemano. Pero eso sí, amigo mío, tu poema es hermoso, pleno de originalidad y maestría. Tu creatividad supera los condicionamientos . Un placer leerte siempre.
Besazos, maestro, estrellas a porrillo y repu merecida, a ver la maquinilla lo que opina.

Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
 
Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT

[TABLE="width: 500"]
[TR]
[TD="align: center"]
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[/TD]
[/TR]
[TR]
[TD]Estimado Jorge: he leído casi un centenar de tus poemas en http://www.jorgelemoine.com/; algunos están aquí en el portal, pero son una muestra muy pequeña comparada con el gran repertorio que has publicado en ese espacio poético. En tus obras la palabra cobra una dimensión misteriosamente hermosa y humana, como si cada poema lo escribiese un hombre desde su tormento, un niño desde su atalaya, una pluma luchando contra el viento, desgarrando las hojas, los verbos y las imágenes. Aún recuerdo mi impresión al leer el poema 668 del tomo VI:

He estado en el almacén viendo unas nueces
esos pequeños cráneos arrugados
caparazones hemisféricos, tortugas o peces
pequeños planetas disecados.
Me asustan sus cerebros encerrados
como una mariposa fetal que nunca crece
Hasta ahora nunca los había contemplado
me las comía la mayoría de las veces.

De algunos peces tienen la inmovilidad taciturna
son peces del aire. Piedras emigradas
trepadas por raíces hasta fundar su urna
Donde guardan un secreto ya olvidado.
ostra vegetal, sin corazón de luna nacarada
el árbol las atrapó con oleaje rezagado.


Solo un verdadero creador puede introducirse en el mundo material de las cosas sencillas y crear imágenes tan poderosas como las que se leen en tus poemas. No hay una preocupación excesiva por las formas, sin embargo en tus poemas las asonancias se aglutinan una y otra vez ─bajo ningún esquema─ dejando su huella sonora en la mente del lector.

Sin embargo pocas veces, como hoy, se evidencia esa búsqueda consciente por la prosodia del verso; este efecto ─novedoso en tu manera de concebir la poesía─ pone a prueba tu capacidad para seguir escribiendo imágenes importantes pero esta vez supeditándote intencionalmente al fuerte carácter de las rimas. Resta saber si realmente es provechoso para tu verso libre... Yo estoy a la expectativa, aunque los resultados poéticos sigan pareciéndome de una altura inusitada.

Un abrazo infinito,

Elhi
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