Al entrar...

Intenso de verdad, sobre todo cuando uno quiere dar un vuelco en su vida, y no piensa en nada mejor que en ir a la iglesia, pero se topa con esa pared que es el miedo, o el suicidio... profundos versos... amigo, mis saludos...
 
Extraordinario, siento la tardanza...Jorge en este poema se nota eso que se necesita, el sentimiento del autor ese que como taladro va entrando a velocidad constante hasta su final. Una buenisima obra buen amigo.
Para tí mi felicitación y reputación. Un abrazote José Manuel.
 
Intensidad emotiva, imágenes cargadas de sentimiento, el cierre le pone la guinda. Un lujo siempre amigo Jorge.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX a la genialidad.
 
Magníficos versos Maestro. Un poema extraordinario. Mi sincera felicitación Jorge, un abrazo amigo.
 
Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.

Un material interesante con un final impresionante mi querido amigo y maestro Jorge. Estrellas netas sin duda. Lo aplaude este poeta no poeta.
 
Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT

¡¡Genial poema Jorge!!, versos magistrales que describen el pánico infantil en la oscuridad de las iglesias, que hacen todavía más pequeño e insignificante al ser humano..........que curioso, de eso se trataba, que malvados.
Un placer leerte Poeta
Un abrazo
 
A veces, de tantos caminos andados, nos damos cuenta que ya no quedan. O que no sabemos donde llevan, si a un pozo o a la salvacion. Quien sabe lo que un alma descreida y confusa busca en esa puerta de salida que a veces ilusiona y otras espanta... Quizas tus letras sepan el secreto, maestro. Un abrazo con estrellas.
 

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