Al entrar...

Al entrar, me acometió ese sonoro
hueco de silencio que retumba
en las iglesias. Un fragor de catacumba
se levantaba remoto como un último coro.
Las velas estallaban múltiples en el oro;
reconocí el miedo infantil que me zumba
a veces como el presagio que me sube de la tumba,
de las viejas armas o de los tesoros.
Entonces me debatía como los suicidas.
Los espejos del eco me repetían en las naves;
tuve en mis manos el número exacto de mi vida.
Me acerqué a un santo —cualquier santo—,
y pensé: "Señor, he venido a que me laves".
Se me alargó el suicidio por la sangre, y
me llené de espanto.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT

Muy buenas letras ,felicidades.Zulcas
 
Casi inconmensurable. La leo como una prosa, como verso, me sabe exactamente igual de bien. Fragor de catacumbas, suicidio alargado por las venas y arterias, imágenes de la gloria de uno mismo y de la gloria de las tribulaciones de un ser humano que rebusca sus respuestas y tiene miedo de ellas. Plasmas perfectamente el entreacto de un ser humano que desconoce cuál es la siguiente estancia de sus pensamientos, que se adentra para a continuación salir corriendo. Me ha encantado, casi como una prosa existencialistas vertida en versos para decirnos dónde debemos tomar aliento y dónde dejarlo morir, suicidarse y sepultarse en qué momento. Abrazos y te dejo, compañero, todo lo que haya por aquí para mal pagarte tu regalo.
 
Hermoso poema Jorge tenebroso, oscuro pero con una exquisita calidad de imagines y esa forma que tiene de exponer sus escritos, felicitaciones y saludos poeta
 
Interesante poema querido poeta,
digno de ser releído, que es justo lo
que ahora voy hacer...
Abrazos y felicidades por escribir tan bello.
Haces que parezca fácil. Eso tiene un gran mérito.
 

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