Su casa es un lugar tan gélido y sombrío...
es una celda estrecha, sin ventanas al mar,
no hay brisa que acaricie sus cabellos de plata
ni tiene un naranjero vestidito de azahar
y en su lúgubre patio solo viven las sombras,
pero en sus ojos luce un dorado trigal,
aún conserva su piel aromas de vainilla
y en su cuerpo de otoño hay un brillo estelar;
sus versos y caricias guardaba en una caja,
pero al llegar el alba se echaron a volar,
supo que no era el viento albacea de sueños,
que en un bosque de olvido los iba abandonar.
Si se mira al espejo ve una niña perdida,
en ese oscuro mundo comienza a delirar
y pinta ventanales en sus viejas paredes,
y por ellos se cuela todo el aire del mar.
Se cansó del engaño de pícaros trileros,
que en el juego perdieron el sentido de amar,
recogió los pedazos de su alma enamorada
y escapó para siempre a su nunca jamás.
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