Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
La muerte tiene ojos de océano:
alguna vez volveré a mirar estrellas como iguales
a ese fondo y a su curva desatada,
arena que se escapa entre y con los dedos.
La vida me pulió un espejo en los ojos de los gatos,
pero aprendí a mirar en las pupilas de los niños,
los que piden una hora más de travesuras
y los que no acabaron de vender
su caja de caramelos de hambre en el semáforo.
Tú me miras como si una laguna me mirara:
soy la garza que te sobrevuela
y el más húmedo de tus guijarros,
pido pez y oigo música, y ya no pido nada.
Pero de todos los paisajes que contemplas
mi favorito es el de cuando me estás mirando;
soy pradera, cielo y montaña,
diente de león que se abre al amarillo
porque el sol lo está mirando
para inventarse el amanecer.
Hoy miraste mis ojos negros, los de nadie,
los míos que no ven nada,
los que solo abro para rivalizar con la noche,
los que no te repiten
cuando la luz se desmorona
con sus frágiles castillos de humo y color,
cuando la belleza es accesorio y no sentido.
Me miraste a los ojos y no te encontraste,
lúcida y omnipresente,
porque todo estaba apagado, fundido,
deshabitado, y yo en cuclillas con todo el mundo,
en una esquina, perdido, ciego
e irremediable.
Puedo cruzar a nado tus ojos,
pero no sobrevivir a tus lágrimas
con tan pobre barco que parpadea las tormentas
y cuando encuentra una isla, un continente,
se aleja.
alguna vez volveré a mirar estrellas como iguales
a ese fondo y a su curva desatada,
arena que se escapa entre y con los dedos.
La vida me pulió un espejo en los ojos de los gatos,
pero aprendí a mirar en las pupilas de los niños,
los que piden una hora más de travesuras
y los que no acabaron de vender
su caja de caramelos de hambre en el semáforo.
Tú me miras como si una laguna me mirara:
soy la garza que te sobrevuela
y el más húmedo de tus guijarros,
pido pez y oigo música, y ya no pido nada.
Pero de todos los paisajes que contemplas
mi favorito es el de cuando me estás mirando;
soy pradera, cielo y montaña,
diente de león que se abre al amarillo
porque el sol lo está mirando
para inventarse el amanecer.
Hoy miraste mis ojos negros, los de nadie,
los míos que no ven nada,
los que solo abro para rivalizar con la noche,
los que no te repiten
cuando la luz se desmorona
con sus frágiles castillos de humo y color,
cuando la belleza es accesorio y no sentido.
Me miraste a los ojos y no te encontraste,
lúcida y omnipresente,
porque todo estaba apagado, fundido,
deshabitado, y yo en cuclillas con todo el mundo,
en una esquina, perdido, ciego
e irremediable.
Puedo cruzar a nado tus ojos,
pero no sobrevivir a tus lágrimas
con tan pobre barco que parpadea las tormentas
y cuando encuentra una isla, un continente,
se aleja.
13 de enero de 2024