David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Amigos míos, sin ningún desquite
permitidme sentar en vuestra mesa,
picaré de la cosa buena esa
que yo me apuntaré a vuestro convite.
¿Cómo es que no avisaste en que me invite?
¡Y qué bueno está todo, que embelesa!
Un poco más, que luego no me pesa
después de que me vaya y que me quite.
De vuestra cortesía no me paso,
que ya termino pronto y que ya os dejo;
pero, por Dios, servidme un fresco vaso
de ese vino que tienes tan añejo;
ya me voy de la cena y ya sin caso
de cenar por la cara no me quejo.
permitidme sentar en vuestra mesa,
picaré de la cosa buena esa
que yo me apuntaré a vuestro convite.
¿Cómo es que no avisaste en que me invite?
¡Y qué bueno está todo, que embelesa!
Un poco más, que luego no me pesa
después de que me vaya y que me quite.
De vuestra cortesía no me paso,
que ya termino pronto y que ya os dejo;
pero, por Dios, servidme un fresco vaso
de ese vino que tienes tan añejo;
ya me voy de la cena y ya sin caso
de cenar por la cara no me quejo.