ropittella
Poeta veterana en el Portal
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Séptima Angustia
El hombre conducía un rayo de sol…
Iluminado por libros de prosas y versos,
lo guiaba una manta negra y un volantín;
repleto de documentos celestes y una locura
con un anuncio clasificado de que era, propiedad suya.
Demanda paranoica de media luna y arcoiris,
jinetas de un general dictador, jubilado y despiadado
que mandó matar a mil guerrilleros y a un cometa;
entes que nunca existieron, eran música, amor y poesía.
Libre de prejuicios esta el poeta y los claveles
el día séptimo, esperando la octava alborada,
tras una noche de amenazas, crece fuerte el alba…
Estelares brincos amarillos y lilas rasguñan el horizonte,
se liberan las esposas y cantan los grillos.
Ramiro Deladanza
Al Maestro que no se olvida:
Séptima Angustia
El hombre conducía un rayo de sol…
Iluminado por libros de prosas y versos,
lo guiaba una manta negra y un volantín;
repleto de documentos celestes y una locura
con un anuncio clasificado de que era, propiedad suya.
Demanda paranoica de media luna y arcoiris,
jinetas de un general dictador, jubilado y despiadado
que mandó matar a mil guerrilleros y a un cometa;
entes que nunca existieron, eran música, amor y poesía.
Libre de prejuicios esta el poeta y los claveles
el día séptimo, esperando la octava alborada,
tras una noche de amenazas, crece fuerte el alba…
Estelares brincos amarillos y lilas rasguñan el horizonte,
se liberan las esposas y cantan los grillos.
Ramiro Deladanza
Al Maestro que no se olvida:
Porque ninguna angustia opacó tu palabra clara, nunca.
Tu palabra libre, el fuego arduo de la pasión de tu alma.
La muerte se llevó tu cuerpo, mas no dejó tu obra trunca.
Andarás conversando con Neruda, en los jardines de la calma.
Maestro, tú que ahora habitas, el cielo de los grandes Poetas,
no permitas que la cobardía nos robe la Justicia,
dános la luz de todos los cometas.
Compártenos desde tu sol la pericia,
de ser grillos, en pos de la rebeldía ante la avaricia.
Libéranos del prejuicio de la indiferencia,
porque aún las almas lloran su improperio.
Permítenos la humildad y la coherencia.
La Libertad sobre todo, de anular con el canto,
de la rima aguerrida que nos enseñaste tanto,
cualquier cautiverio.
Tu palabra libre, el fuego arduo de la pasión de tu alma.
La muerte se llevó tu cuerpo, mas no dejó tu obra trunca.
Andarás conversando con Neruda, en los jardines de la calma.
Maestro, tú que ahora habitas, el cielo de los grandes Poetas,
no permitas que la cobardía nos robe la Justicia,
dános la luz de todos los cometas.
Compártenos desde tu sol la pericia,
de ser grillos, en pos de la rebeldía ante la avaricia.
Libéranos del prejuicio de la indiferencia,
porque aún las almas lloran su improperio.
Permítenos la humildad y la coherencia.
La Libertad sobre todo, de anular con el canto,
de la rima aguerrida que nos enseñaste tanto,
cualquier cautiverio.
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