pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
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... y las palabras que jamás pronuncia
sino la voz cuyo alarido estalla en las pupilas,
tu alma y, al menos,
el imaginario pensamiento en que me perteneces
y tu beso
para soportar el álgido atardecer
en el campo eterno de mis sueños.
Tu voz robada a las grietas
donde las lágrimas se encogen
para perecer
y el monosilábico coro de suspiros e interjecciones
que te endiosan de los espacios adonde,
aún mi mano, con la pértiga de mi pluma,
podría soñar trepar
y ascender
en un infinito salto
que tú llamas vida y yo practico a diario.
Trepar por las riendas de tu lengua.
Sujetarme a los vientos de tus cabellos
y no golpearme contra la consciencia.
Arañar con mi saliva el surco de tu vena.
Ser una tímida alga
contra las aristas del pedregal
avistado en recóndita tierra
donde fuiste áncora ahogada por la pleamar.
Y el mundo conteniéndose de girar
con su rotación acabada
mientras esperas un aviso
para dejarte y ser luz clara en los abismos...
¡Suspéndete de este cometa
que araña las atmósferas
y pierde su cola
entre las pías falanges de un niño ciego!
Y el dorso de la melancolía
que resta tu sonrisa
con parte de mi labio
y mixtura en su manotazo
tu sangre
con la mía.
En el suelo de tus cartas,
una misiva firmada sin mi tinta.
A golpes de sudor
despertar
por entre las arrugas del sueño,
conteniendo tu mirada mientras un halo de polvo
que resguarda un ángel ilusorio en su pañuelo
y destronado de su paradero
arriba, en los cielos,
te va ocultando,
narrándome tu silencio con la deleble tinta
que emborrona tu sonrisa.
Escaleras que bajan directas a las simas
donde la flama azul se torna en candente,
alba como la ceniza con que mido el peso de mi espíritu,
rodeados de las burbujas con que llenaría tu boca
para después empujarte vagamente
y que vueles lejos.
Volar lejos,
al menos tu alma...
...necesito.
... y las palabras que jamás pronuncia
sino la voz cuyo alarido estalla en las pupilas,
tu alma y, al menos,
el imaginario pensamiento en que me perteneces
y tu beso
para soportar el álgido atardecer
en el campo eterno de mis sueños.
Tu voz robada a las grietas
donde las lágrimas se encogen
para perecer
y el monosilábico coro de suspiros e interjecciones
que te endiosan de los espacios adonde,
aún mi mano, con la pértiga de mi pluma,
podría soñar trepar
y ascender
en un infinito salto
que tú llamas vida y yo practico a diario.
Trepar por las riendas de tu lengua.
Sujetarme a los vientos de tus cabellos
y no golpearme contra la consciencia.
Arañar con mi saliva el surco de tu vena.
Ser una tímida alga
contra las aristas del pedregal
avistado en recóndita tierra
donde fuiste áncora ahogada por la pleamar.
Y el mundo conteniéndose de girar
con su rotación acabada
mientras esperas un aviso
para dejarte y ser luz clara en los abismos...
¡Suspéndete de este cometa
que araña las atmósferas
y pierde su cola
entre las pías falanges de un niño ciego!
Y el dorso de la melancolía
que resta tu sonrisa
con parte de mi labio
y mixtura en su manotazo
tu sangre
con la mía.
En el suelo de tus cartas,
una misiva firmada sin mi tinta.
A golpes de sudor
despertar
por entre las arrugas del sueño,
conteniendo tu mirada mientras un halo de polvo
que resguarda un ángel ilusorio en su pañuelo
y destronado de su paradero
arriba, en los cielos,
te va ocultando,
narrándome tu silencio con la deleble tinta
que emborrona tu sonrisa.
Escaleras que bajan directas a las simas
donde la flama azul se torna en candente,
alba como la ceniza con que mido el peso de mi espíritu,
rodeados de las burbujas con que llenaría tu boca
para después empujarte vagamente
y que vueles lejos.
Volar lejos,
al menos tu alma...
...necesito.
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