Nicolas Bera
Poeta recién llegado
Siento una atmósfera cerrada en mi aliento;
carnaval abandonado por un gemido intolerante.
Un ciego nudo se abraza a la voz abierta,
un suspiro del canto al ablandar los labios.
Siento una fría hebra, mujer, largo pelo.
Un tibio golpe de seda cegando la incertidumbre.
Y, como tú, despega el brazo distante que
abrazar un breve espacio silente quisiera.
Mujer, la vida está sentada en tu presencia.
Tu voz alarga la palabra amor y sin ésta queda su contrario.
Mujer hecha del tallo tosco de la nostalgia.
Se agitan horas desiguales al sentirte.
Te siento sobre todas las cosas,
sobre cualquier ideología blasfema,
sobre cualquier génesis incierta,
sobre el amar, ¡y soy tu ausencia!
Te siento sobre la vida,
más allá del bien y del mal.
Te siento sobre mis ansias,
y en su sitio nace un poema.
Siento una pena, distancia.
Que abrazar la voz quisiera.
Morder los labios anhela.
Arrastrar mi vida errante.
Sin ti.
Mi vida ausente como un puño que se cierra,
más no muere tu esencia, estás pegada a mi cielo.
¡Ah, vasta cantidad de noches!,
mi propia atmósfera me quema,
mi propio llanto me inunda.
Y ya no siento.
El silencio es una cama blanda,
sobre su tela esperaré tenerte.
La distancia es una luz sin fin,
sobre mi pena esperaré sentir.
Nicolás Bera
carnaval abandonado por un gemido intolerante.
Un ciego nudo se abraza a la voz abierta,
un suspiro del canto al ablandar los labios.
Siento una fría hebra, mujer, largo pelo.
Un tibio golpe de seda cegando la incertidumbre.
Y, como tú, despega el brazo distante que
abrazar un breve espacio silente quisiera.
Mujer, la vida está sentada en tu presencia.
Tu voz alarga la palabra amor y sin ésta queda su contrario.
Mujer hecha del tallo tosco de la nostalgia.
Se agitan horas desiguales al sentirte.
Te siento sobre todas las cosas,
sobre cualquier ideología blasfema,
sobre cualquier génesis incierta,
sobre el amar, ¡y soy tu ausencia!
Te siento sobre la vida,
más allá del bien y del mal.
Te siento sobre mis ansias,
y en su sitio nace un poema.
Siento una pena, distancia.
Que abrazar la voz quisiera.
Morder los labios anhela.
Arrastrar mi vida errante.
Sin ti.
Mi vida ausente como un puño que se cierra,
más no muere tu esencia, estás pegada a mi cielo.
¡Ah, vasta cantidad de noches!,
mi propia atmósfera me quema,
mi propio llanto me inunda.
Y ya no siento.
El silencio es una cama blanda,
sobre su tela esperaré tenerte.
La distancia es una luz sin fin,
sobre mi pena esperaré sentir.
Nicolás Bera