Pad
Dulce decus meum
Horatio, Carm. I, 2
Te enfermas y descubro tu amarga lejanía
Antaño huía apresurado de tus brazos
¿Qué buscaba? ¿Una alegría semejante?
Inútilmente parecemos grandes
A los pies del holocausto más temible
Ante las ruinas de su cuerpo exangüe
También vi tu rostro henchido de pesares
Éramos tan frágiles, sólo tú nos sostenías
Tantos sufrimientos que tu sombra oculta
Esa niñez morena escindida entre dos casas
Ese padre intenso que cayó una víspera de abrazos
Esa constancia que tus oponentes despidieron
Pasan los días y en mis noches te presiento
Cada domingo nos conducías hacia un parque
Circundado de puentes y autopistas
Paraíso en donde el sol nos complacía
Diligente a la salida de clases nos traías
Por tus edificios, tus citadelas fabricadas
Con vino y con una torta engalanada
Conmemorabas todos nuestros cumpleaños
Hubo así mismo caravanas hostiles
Pero tú, celoso y prudente, las desviabas
Hoy sin ti el mundo suspende su alegría
Tal vez un día el sol también se apague
En esos cuidados la inmortalidad persiste
Siempre abandonada tus voz vuelve
Como una brizna al cabo del estío
Como la luna en esta noche aciaga
Bowdon, diciembre 23 de 200
reDulce decus meum
Horatio, Carm. I, 2
Te enfermas y descubro tu amarga lejanía
Antaño huía apresurado de tus brazos
¿Qué buscaba? ¿Una alegría semejante?
Inútilmente parecemos grandes
A los pies del holocausto más temible
Ante las ruinas de su cuerpo exangüe
También vi tu rostro henchido de pesares
Éramos tan frágiles, sólo tú nos sostenías
Tantos sufrimientos que tu sombra oculta
Esa niñez morena escindida entre dos casas
Ese padre intenso que cayó una víspera de abrazos
Esa constancia que tus oponentes despidieron
Pasan los días y en mis noches te presiento
Cada domingo nos conducías hacia un parque
Circundado de puentes y autopistas
Paraíso en donde el sol nos complacía
Diligente a la salida de clases nos traías
Por tus edificios, tus citadelas fabricadas
Con vino y con una torta engalanada
Conmemorabas todos nuestros cumpleaños
Hubo así mismo caravanas hostiles
Pero tú, celoso y prudente, las desviabas
Hoy sin ti el mundo suspende su alegría
Tal vez un día el sol también se apague
En esos cuidados la inmortalidad persiste
Siempre abandonada tus voz vuelve
Como una brizna al cabo del estío
Como la luna en esta noche aciaga
Bowdon, diciembre 23 de 200
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