F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Al pan, pan y al vino, vino
(o Una imagen vale más que mil palabras)
El hombre maneja la vida a su modo,
y, a veces, ignora el esfuerzo ajeno,
incluso desprecia, instintivamente,
todos los trabajos… de tinte hogareño,
donde la mujer, compañera amante,
emprende tareas, con grandes esfuerzos
siendo esposa noble, y abnegada madre
sin tener apenas el más simple premio
de que reconozcan su labor callada,
las mas de las veces, agostado el cuerpo.
Me cuentan que un día, cierto esposo amable,
cuyo matrimonio marchaba estupendo,
y era muy feliz con su patrimonio,
conseguido todo con su propio esfuerzo,
así el chalecito, con bella piscina,
con su buen trabajo y con su buen sueldo,
padre de dos niños, de cuatro y seis años,
cuyo hogar navega con dulces eventos,
cuya esposa ordena con timón de reina…
Pues bien, cierto día, que este hombre honesto
como cualquier otro, sin pena ni gloria,
se acercó a su casa buscando el almuerzo
en plena rutina, después del trabajo…
se quedó pasmado… con el desconcierto…
que encontró en su hogar siempre tan cuidado,
con tanta alegría y de pulcro aspecto.
oOo
Aquel día el hombre, se quedó sin habla.
Cuando traspasó la cancela de hierro
del jardín de casa se encontró a sus hijos
jugando en pijamas, como casi en cueros.
Rociados estaban: camisas, juguetes,
yogures, bizcochos, la yema de un huevo…
Preguntó a los niños: - ¿Dónde está mamá?
Y sin esperar siquiera sus besos,
se lanzó a correr, nervioso, angustiado,
buscando a la madre de sus dos pequeños
presagiando un drama en su hogar tranquilo
donde su mujer, desmayo o mareo,
quizás no pudiera reclamar auxilio…
y llenó su mente, con graves tormentos
que le conducían hasta imaginar,
con total angustia, graves sufrimientos.
Y ante tal imagen se inquietó aún más.
Y apresuró el paso… por hallarse dentro
del hogar y vio abierta la puerta de entrada…
Subió la escalera… raudo, como el viento
del huracán frío, mientras observaba
en los escalones los muchos objetos
que estaban tirados: Juguetes, estampas,
cucharas y vasos, un bolso de cuero,
algunos zapatos y dos almohadas…
Del cuarto de baño vio el agua saliendo
y entró para ver: la bañera estaba
llena hasta su borde, con el grifo abierto,
y un zapato estaba navegando solo
y un montón enorme de papel higiénico.
Algunas toallas empapaban agua
y el tubo dentífrico fue lápiz de espejo.
Frente a la cocina, y mientras corría
vio bien repartido por todo su suelo
lápices, cucharas, algún plato roto,
un plátano abierto, un par de cuadernos.
un vaso con algo oscuro y brillante
medio vaso de agua y otro casi lleno.
La olla en la silla, y el lavavajillas
con platos y tazas y sucios cubiertos,
la luz encendida en cocina y horno,
entreabierto el “frigo” y… nada en el fuego.
Y en el salón se oía, a toda “pastilla”,
la “tele” infantil, de gatos y perros.
Todo aquel desastre le llenó de angustia
llamó a su mujer con evidente anhelo
Y, sin mirar más, entró con premura
en su dormitorio… ¡y se quedó… muerto!:
Su mujer… yacía tumbada en pijama,
con una novela que estaba leyendo,
Y, tras el impacto de ver, en la cama,
a su mujer, sana, sin ningún tropiezo,
¿qué es lo que pensó? ¿cómo reaccionó?
Su mente explotó con giros opuestos:
Se sintió abatido, quería indignarse,
creyó en la locura de su mujer… pero,
¿debería pedirle, quizá, explicación?.
Y bien decidido, respiró y sereno,
y con la debida y adecuada calma
pudo preguntar: - Dime ¿qué es esto?
Y la esposa fue, consciente y precisa,
con respuesta lógica en tales momentos,
con la sangre fría de quien tiene siempre,
con la rectitud del comportamiento,
la razón suprema de toda verdad,
o, de su verdad, le dijo, al fin, esto:
- Cuando cada día vienes del trabajo,
me sueltas curioso –empieza diciendo-
alguna pregunta, sobre mi quehacer
y sé que desprecias el quehacer doméstico,
y estimando sólo… lo que tú realizas,
y lanzas preguntas, y me das consejos
casi siempre odiosos, sobre mi parcela,
sobre mi labor: - Mujer, hoy ¿qué has hecho?
Pues, hoy no necesito decir, como siempre…
la casa..., los niños...., la ropa...., esto o aquello…
Hoy digo, que has visto ¡hoy, lo que NO he hecho!
(o Una imagen vale más que mil palabras)
El hombre maneja la vida a su modo,
y, a veces, ignora el esfuerzo ajeno,
incluso desprecia, instintivamente,
todos los trabajos… de tinte hogareño,
donde la mujer, compañera amante,
emprende tareas, con grandes esfuerzos
siendo esposa noble, y abnegada madre
sin tener apenas el más simple premio
de que reconozcan su labor callada,
las mas de las veces, agostado el cuerpo.
Me cuentan que un día, cierto esposo amable,
cuyo matrimonio marchaba estupendo,
y era muy feliz con su patrimonio,
conseguido todo con su propio esfuerzo,
así el chalecito, con bella piscina,
con su buen trabajo y con su buen sueldo,
padre de dos niños, de cuatro y seis años,
cuyo hogar navega con dulces eventos,
cuya esposa ordena con timón de reina…
Pues bien, cierto día, que este hombre honesto
como cualquier otro, sin pena ni gloria,
se acercó a su casa buscando el almuerzo
en plena rutina, después del trabajo…
se quedó pasmado… con el desconcierto…
que encontró en su hogar siempre tan cuidado,
con tanta alegría y de pulcro aspecto.
oOo
Aquel día el hombre, se quedó sin habla.
Cuando traspasó la cancela de hierro
del jardín de casa se encontró a sus hijos
jugando en pijamas, como casi en cueros.
Rociados estaban: camisas, juguetes,
yogures, bizcochos, la yema de un huevo…
Preguntó a los niños: - ¿Dónde está mamá?
Y sin esperar siquiera sus besos,
se lanzó a correr, nervioso, angustiado,
buscando a la madre de sus dos pequeños
presagiando un drama en su hogar tranquilo
donde su mujer, desmayo o mareo,
quizás no pudiera reclamar auxilio…
y llenó su mente, con graves tormentos
que le conducían hasta imaginar,
con total angustia, graves sufrimientos.
Y ante tal imagen se inquietó aún más.
Y apresuró el paso… por hallarse dentro
del hogar y vio abierta la puerta de entrada…
Subió la escalera… raudo, como el viento
del huracán frío, mientras observaba
en los escalones los muchos objetos
que estaban tirados: Juguetes, estampas,
cucharas y vasos, un bolso de cuero,
algunos zapatos y dos almohadas…
Del cuarto de baño vio el agua saliendo
y entró para ver: la bañera estaba
llena hasta su borde, con el grifo abierto,
y un zapato estaba navegando solo
y un montón enorme de papel higiénico.
Algunas toallas empapaban agua
y el tubo dentífrico fue lápiz de espejo.
Frente a la cocina, y mientras corría
vio bien repartido por todo su suelo
lápices, cucharas, algún plato roto,
un plátano abierto, un par de cuadernos.
un vaso con algo oscuro y brillante
medio vaso de agua y otro casi lleno.
La olla en la silla, y el lavavajillas
con platos y tazas y sucios cubiertos,
la luz encendida en cocina y horno,
entreabierto el “frigo” y… nada en el fuego.
Y en el salón se oía, a toda “pastilla”,
la “tele” infantil, de gatos y perros.
Todo aquel desastre le llenó de angustia
llamó a su mujer con evidente anhelo
Y, sin mirar más, entró con premura
en su dormitorio… ¡y se quedó… muerto!:
Su mujer… yacía tumbada en pijama,
con una novela que estaba leyendo,
Y, tras el impacto de ver, en la cama,
a su mujer, sana, sin ningún tropiezo,
¿qué es lo que pensó? ¿cómo reaccionó?
Su mente explotó con giros opuestos:
Se sintió abatido, quería indignarse,
creyó en la locura de su mujer… pero,
¿debería pedirle, quizá, explicación?.
Y bien decidido, respiró y sereno,
y con la debida y adecuada calma
pudo preguntar: - Dime ¿qué es esto?
Y la esposa fue, consciente y precisa,
con respuesta lógica en tales momentos,
con la sangre fría de quien tiene siempre,
con la rectitud del comportamiento,
la razón suprema de toda verdad,
o, de su verdad, le dijo, al fin, esto:
- Cuando cada día vienes del trabajo,
me sueltas curioso –empieza diciendo-
alguna pregunta, sobre mi quehacer
y sé que desprecias el quehacer doméstico,
y estimando sólo… lo que tú realizas,
y lanzas preguntas, y me das consejos
casi siempre odiosos, sobre mi parcela,
sobre mi labor: - Mujer, hoy ¿qué has hecho?
Pues, hoy no necesito decir, como siempre…
la casa..., los niños...., la ropa...., esto o aquello…
Hoy digo, que has visto ¡hoy, lo que NO he hecho!