Ania Kupuri
Poeta recién llegado
Se toma el café de las amarguras,
envuelto entre la miel de la congoja,
sangre se derrama vana en las hojas,
en el grito imponente ante negruras.
¿Hasta cuando se duele la alegría?
Si al poeta nadie escucha, ni entiende,
expuesto y silente nadie comprende,
el motivo que entrega en osadía.
Pero si callase, el mar ya sediento
rogaría pócima en luna alada,
en los amaneceres sin contento.
La guerra o el amor como aspaviento,
los candores, las grutas de la nada,
se volverían ceniza ¡Al momento!
©
envuelto entre la miel de la congoja,
sangre se derrama vana en las hojas,
en el grito imponente ante negruras.
¿Hasta cuando se duele la alegría?
Si al poeta nadie escucha, ni entiende,
expuesto y silente nadie comprende,
el motivo que entrega en osadía.
Pero si callase, el mar ya sediento
rogaría pócima en luna alada,
en los amaneceres sin contento.
La guerra o el amor como aspaviento,
los candores, las grutas de la nada,
se volverían ceniza ¡Al momento!
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