CFM
Poeta recién llegado
Mi memoria, a veces eres
cruel un atisbo de duelos,
empañado un vil espejo
do refléjanse cinceles
que para estacar los seres
ya borrosos del recuerdo
necesitan del secreto
brumoso sobre las sienes.
Y para recordar calmas,
las de dorados pasados,
incinerar esos prados
que belleza amó el alma.
¿Mas recuerdas la mañana
en la cual calles tronaron
con la pena de un quebranto
que hasta vidrios dominaba?
Visto he caer las paredes
y exangües los duros techos,
dejando sólo cimientos
donde antes se oyeron gentes;
divisado he los claveles
extinguirse en ese lecho,
sipultos bajo el cemento
-si nunca grisácea nieve-.
Sollozaban las familias
de cada difunta flor
con ajada la emoción
de las hermosas orquídeas;
amarilis, rosas níveas:
sollozaban su color,
escarlatas: su pasión,
calas: su helada caricia.
Por éso ofréceme ayuda,
mi condolida memoria,
y construyamos una hora
en que olvídese la angustia.
¡Una Babel erijamos
que a dios llegue con su credo,
por lenguas sin detenernos
para aurear, yerto, el pasado!
Por supuesto yo era un niño al momento del suceso, sin embargo no olvido los vidrios temblando por la onda expansiva de la explosión de la bomba, entre otras cosas.