En la plazoleta, el tambor retumba,
eco ancestral que vibra en la palma y la cumbia,
bajo la sombra que el flamboyán alumbra,
danza la bomba, orgullo de nuestra rumba.
Caderas que cuentan historias de antaño,
pies descalzos que tocan el suelo sagrado,
en cada vuelta, un susurro del baño
de aquellos tiempos, nunca olvidados.
El barril, testigo de luchas y cantares,
marca el compás con manos morenas,
invita al pueblo a olvidar pesares,
en este baile donde las penas se desvanecen.
Falda que gira, despliega colores,
cual mariposa en vuelo, celebra la vida,
al son del tambor, entre sudores,
se teje la trama de una isla querida.
Y allí, en la fiesta de pulsos y palmas,
la Bomba nos une, nos hace familia,
nos recuerda que somos más que almas,
somos el ritmo, la voz de esta tierra que brilla.
eco ancestral que vibra en la palma y la cumbia,
bajo la sombra que el flamboyán alumbra,
danza la bomba, orgullo de nuestra rumba.
Caderas que cuentan historias de antaño,
pies descalzos que tocan el suelo sagrado,
en cada vuelta, un susurro del baño
de aquellos tiempos, nunca olvidados.
El barril, testigo de luchas y cantares,
marca el compás con manos morenas,
invita al pueblo a olvidar pesares,
en este baile donde las penas se desvanecen.
Falda que gira, despliega colores,
cual mariposa en vuelo, celebra la vida,
al son del tambor, entre sudores,
se teje la trama de una isla querida.
Y allí, en la fiesta de pulsos y palmas,
la Bomba nos une, nos hace familia,
nos recuerda que somos más que almas,
somos el ritmo, la voz de esta tierra que brilla.