café en chernobyl
Poeta recién llegado
Dos pequinés por el fiambre,
una libra de la sanguaza
de mi catre. Subo, por las
gradas de tu Navidad.
Lo más alto para caer, sin
hambre de trigo, con correa
de perro.
Inmortales son el ramaje
de los paladines del cloroformo,
que vadean en la neblina
verde, color de boa.
No dan nada por mí, ilota de
Etiopia, fui un fui,
un pluscuamperfecto con lira.
Tus pómulos de droga,
sueño sobre sueño,
la grasa de una estrella
que se baña en los arrecifes
que son bañados por petróleo.
Y estos son morgue.
¿Por qué no buscas ahí?
Ya no me hallas en las vendimias,
en esas fiestas que cargan
solo dos recuerdos.
Tu boca y el tigre. La violencia
de la cama. Rojo.
Ya no quiero más, comer sopa
de vidrios, esquirlas de baobab negros,
los abrazos hipócritas de mamá.
No necesito rodajas de papa
en mi frente.
La fiebre, el cuy bruno, la
catatonia y el LSD.
Mi nona perdió su religión cuando
injurio la mía. ¿Dios,
puede África recostar su cabeza
sobre tu hombro?
¿Puedes oírme como oyes al mudo?
¿Es el estudio de tu genealogía
más básico que el No de Caroline?
Pálido como el espejo de un
sonámbulo, lo encuentras en su lastre
de aluminio. El fue tu amigo, fue...
No hables, la muerte es la
oveja que brinca el seto donde
aún no despiertas.
El nepentes de tu ausencia es el
canibalismo.
Tu locura de diamante.
¡Ay! me siento vacío.
Te busco en mi ausencia y no te encuentro,
y te encuentro ausente. Soledad.
Le toco la puerta a mi hermano,
y nadie abre.
Le timbro la casa a mi novia
y nadie abre.
Botellas de champagne
en el firmamento de telarañas.
Balsa vikinga. Azul de plomo.
Yo no conozco a este señor.
una libra de la sanguaza
de mi catre. Subo, por las
gradas de tu Navidad.
Lo más alto para caer, sin
hambre de trigo, con correa
de perro.
Inmortales son el ramaje
de los paladines del cloroformo,
que vadean en la neblina
verde, color de boa.
No dan nada por mí, ilota de
Etiopia, fui un fui,
un pluscuamperfecto con lira.
Tus pómulos de droga,
sueño sobre sueño,
la grasa de una estrella
que se baña en los arrecifes
que son bañados por petróleo.
Y estos son morgue.
¿Por qué no buscas ahí?
Ya no me hallas en las vendimias,
en esas fiestas que cargan
solo dos recuerdos.
Tu boca y el tigre. La violencia
de la cama. Rojo.
Ya no quiero más, comer sopa
de vidrios, esquirlas de baobab negros,
los abrazos hipócritas de mamá.
No necesito rodajas de papa
en mi frente.
La fiebre, el cuy bruno, la
catatonia y el LSD.
Mi nona perdió su religión cuando
injurio la mía. ¿Dios,
puede África recostar su cabeza
sobre tu hombro?
¿Puedes oírme como oyes al mudo?
¿Es el estudio de tu genealogía
más básico que el No de Caroline?
Pálido como el espejo de un
sonámbulo, lo encuentras en su lastre
de aluminio. El fue tu amigo, fue...
No hables, la muerte es la
oveja que brinca el seto donde
aún no despiertas.
El nepentes de tu ausencia es el
canibalismo.
Tu locura de diamante.
¡Ay! me siento vacío.
Te busco en mi ausencia y no te encuentro,
y te encuentro ausente. Soledad.
Le toco la puerta a mi hermano,
y nadie abre.
Le timbro la casa a mi novia
y nadie abre.
Botellas de champagne
en el firmamento de telarañas.
Balsa vikinga. Azul de plomo.
Yo no conozco a este señor.