Idril
Poeta recién llegado
La lluvia marca mi vida al caer,
sus gotas como miel reflejan mi ser,
perdida en sus estruendos,
al enfado de luz en sus relámpagos,
sentada tras la ventana observo,
cómo las caricias del viento reaniman el día,
suavizando el dolor del ayer, del mañana y el hoy,
un paseo solo bajo la melancólica atmósfera,
en la inmensidad del océano a lo lejos,
en una tormentosa tarde luviosa.
Mas qué destino tendrán mis alas rotas,
bajo el yugo del calor sofocante,
las ahora plumas de jade dejan heridas en el alma,
aguardo a una pronta recuperacion de esta esencia,
para el siguiente paso, de hiriente porceder,
con la seda de mis manos envuelvo las punsantes heridas,
a mis pies yace la verdad de la vida,
ante mi mirar yace el milagro de vivir y respirar,
como humano no se percibe su proceder,
tan dichoso y triste a cada segundo de purificación.
Mis ojos reflejan el viento y sus pericias,
en cada rincón de la tierra se goza de los frutos de la naturaleza,
a cada segundo se cumple un ciclo,
día, tarde, noche; vivir, morir en contados alientos,
que en un parpadeo de sombras se albergan,
mis ojos cual ventisca confortan humanos corazones,
para soportar penumbras en sales de lágrimas,
que se deslizan por sus mártires rostros.
Pies mayugados, pies sangrantes,
reflejan el abismo de mi ahora alma mundana,
alimentadas por mis ilusiones llenas de esperanza,
a un mañana que vendrá en días lluviosos,
al abrir de unas alas de naturaleza,
cual océano, montaña, huracán y llamas,
así renacer con mis plumas en su verdadera forma,
para liberar de los humanos la magia esperada.
sus gotas como miel reflejan mi ser,
perdida en sus estruendos,
al enfado de luz en sus relámpagos,
sentada tras la ventana observo,
cómo las caricias del viento reaniman el día,
suavizando el dolor del ayer, del mañana y el hoy,
un paseo solo bajo la melancólica atmósfera,
en la inmensidad del océano a lo lejos,
en una tormentosa tarde luviosa.
Mas qué destino tendrán mis alas rotas,
bajo el yugo del calor sofocante,
las ahora plumas de jade dejan heridas en el alma,
aguardo a una pronta recuperacion de esta esencia,
para el siguiente paso, de hiriente porceder,
con la seda de mis manos envuelvo las punsantes heridas,
a mis pies yace la verdad de la vida,
ante mi mirar yace el milagro de vivir y respirar,
como humano no se percibe su proceder,
tan dichoso y triste a cada segundo de purificación.
Mis ojos reflejan el viento y sus pericias,
en cada rincón de la tierra se goza de los frutos de la naturaleza,
a cada segundo se cumple un ciclo,
día, tarde, noche; vivir, morir en contados alientos,
que en un parpadeo de sombras se albergan,
mis ojos cual ventisca confortan humanos corazones,
para soportar penumbras en sales de lágrimas,
que se deslizan por sus mártires rostros.
Pies mayugados, pies sangrantes,
reflejan el abismo de mi ahora alma mundana,
alimentadas por mis ilusiones llenas de esperanza,
a un mañana que vendrá en días lluviosos,
al abrir de unas alas de naturaleza,
cual océano, montaña, huracán y llamas,
así renacer con mis plumas en su verdadera forma,
para liberar de los humanos la magia esperada.