Otra vez el sentido
sigue siendo la espera,
y hay marcas en el suelo
que dejó la llovizna
en aquella alborada.
Trepando al horizonte,
bajando de algún verso peregrino,
cargada de faroles y cachimbas.
Caminos que en el aire
se esfuman con el viento
y vuelven cada tanto
para vernos temblando
al filo del encuentro.
Atrás quedó la sal,
la roca, el faro, el cabo,
la frontera.
Un sinfín de canciones
para beber despacio,
para sabernos ciertos
al borde de la nada.
De tu ausencia intachable
se tiñen las paredes
sollozando humedades
desde todos los poros.
Es tanto lo que llevas al marcharte
que en vano hoy me refugio entre papeles
abrazado al dolor del desencanto.
Aún aguardo distante y conmovido,
tan triste como siempre,
el vuelo de un otoño
sobre el viejo madero
que me sirve de abrigo,
la tinta que me calma
para no aventurarme
en medio de las llamas
que ha sembrado el olvido
sobre nuestras pisadas.
La palabra precisa
otra vez se ha perdido en medio del desierto,
y el silencio es respuesta.
sigue siendo la espera,
y hay marcas en el suelo
que dejó la llovizna
en aquella alborada.
Trepando al horizonte,
bajando de algún verso peregrino,
cargada de faroles y cachimbas.
Caminos que en el aire
se esfuman con el viento
y vuelven cada tanto
para vernos temblando
al filo del encuentro.
Atrás quedó la sal,
la roca, el faro, el cabo,
la frontera.
Un sinfín de canciones
para beber despacio,
para sabernos ciertos
al borde de la nada.
De tu ausencia intachable
se tiñen las paredes
sollozando humedades
desde todos los poros.
Es tanto lo que llevas al marcharte
que en vano hoy me refugio entre papeles
abrazado al dolor del desencanto.
Aún aguardo distante y conmovido,
tan triste como siempre,
el vuelo de un otoño
sobre el viejo madero
que me sirve de abrigo,
la tinta que me calma
para no aventurarme
en medio de las llamas
que ha sembrado el olvido
sobre nuestras pisadas.
La palabra precisa
otra vez se ha perdido en medio del desierto,
y el silencio es respuesta.
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