Alegoría del brindis

marquelo

Negrito villero
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Y nos bañamos enajenados de cielo
cuando alguien gritó su amor
en una banca de Buttes-Chaumont
en una botella que naufragó del beso
más grande del mundo.

Y nos bañamos enajenados de cielo
cuando alguien fingió toser
en una banca de Tiergarten
en una botella que naufragó de la lluvia
más grande del mundo.

Y nos bañamos enajenados de cielo
cuando alguien nació
en una banca de Gianicolo
en una botella que naufragó del "Sí"
más grande del mundo.

Y nos bañamos enajenados de cielo
cuando alguien murió
en una banca de Shinjuku Goyen
en una botella que naufragó del abandono
más grande del mundo

Y nos bañamos enajenados de cielo, desnudos
a la deriva
en una banca de un parque en Barranco
en una botella que naufragó del brindis
más grande del mundo.

 
Última edición:
¿Es la alegoría del brindis o es la alegoría el propio brindis, ese breve contacto para sellar ilusiones y una nota que va muriendo? Y no es el encuentro de cristales de Bohemia el brindis más grande del mundo. ¿Es casualidad que sea en Shinjuku Goyen el abandono más grande del mundo y que viaje su nombre a ritmo de haiku en ese primer instante que has dejado retratado por aquí?

Estableces un fortísimo contraste entre el baño enajenado de cielo, que no solo la describe, sino que casi provoca exultación, y la botella que naufraga. A mi modo de ver no es un contraste que suponga contradicción alguna, pues a los momentos de exaltación a menudo les sucede un desengaño-naufragio. La ensoñación es efímera y los dedos de la realidad torpes. Pero literalmente tocas el cielo y luego lo arrebatas y así la caricia inicial al ánimo se queda finalmente en una punzada, en melancolía, ¿la melancolía más grande del mundo?

En ese "desnudos a la deriva" de la última estrofa cabe mucha ambigüedad y diríase que finalmente el parque más hermoso del mundo depende de la compañía.

Imprimiste al poema la delicadeza del discurso del alma que flota embelesada y melancólica y, aunque te sé capaz de invocar sentimientos para tus escritos, imangino que algo de eso volvió contigo.

Un abrazo, Antonio.
 
¿Es casualidad que sea en Shinjuku Goyen el abandono más grande del mundo y que viaje su nombre a ritmo de haiku en ese primer instante que has dejado retratado por aquí?
jejeejj vaya imaginación la tuya,,,jejjeje aunque quizá inconscientemente los lugares se almacenan en la tristeza del alma o algo parecido a ello y salen a flote. Por otro lado es cierto cuando hablas de la exultación y luego la caída , es verdad, aunque mi primera intención era simplemente exacerbar el estado de ánimo. Lo de "a la deriva" da para imaginarlo, ahi hay una sensación de libertad que te puede dar el amor, la amistad, o la simple complicidad del afecto o de las cosas en común. Y finalmente , no es que precisamente sea un parque ( el más hermoso del mundo que puede ser uno con tierra y descuidado , pero q , sin embargo, por el recuerdo del amor, del beso que se imprime ahi , puede ser el más hermoso), sino también, de cualquier lugar. Muy buen análisis como siempre. Saludos Álvaro.
 
Y nos bañamos enajenados de cielo
cuando alguien gritó su amor
en una banca de Buttes-Chaumont
en una botella que naufragó del beso
más grande del mundo.

Y nos bañamos enajenados de cielo
cuando alguien fingió toser
en una banca de Tiergarten
en una botella que naufragó de la lluvia
más grande del mundo.

Y nos bañamos enajenados de cielo
cuando alguien nació
en una banca de Gianicolo
en una botella que naufragó del "Sí"
más grande del mundo.

Y nos bañamos enajenados de cielo
cuando alguien murió
en una banca de Shinjuku Goyen
en una botella que naufragó del abandono
más grande del mundo

Y nos bañamos enajenados de cielo, desnudos
a la deriva
en una banca de un parque en Barranco
en una botella que naufragó del brindis
más grande del mundo.
bellas palabras e ingeniosa forma de versar... un gusto haberte leído.
 
Pues el romance vino de ese banco en un parque en Barranco, desnudos a la deriva... el brindis más grande del mundo que podría perfectamente ser la manera más delicada y elegante que podría imaginar para describir el brindis, no de cristales de bohemia como ya comenté, sino el brindis entre dos personas, entre dos amantes.

Pero este poema tiene también una melancolía que te abraza para recoger lágrimas inevitables y lo junté con ese instante 1, que leí justo antes o justo después en el que está esa despedida.

La dama sería una turista por Lima, japonesa (por el haiku y Shinjuku Goyen), que conoce casualmente a un poeta que precisamente regresa a su tierra natal durante las vacaciones y queda inevitablemente hechizada y emebelesada por el discruso de su alma...
 

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