Évano
Libre, sin dioses.
"Y tú ¿de qué lado de mi cuerpo estabas, alma, que no me socorriste?
José Ángel Valente
Mi infancia es un recuerdo de castillos derruidos.
De vez en cuando vuelven sus piedras a caer
por laderas nevadas de olivos y de encinas.
Mi infancia fueron letras escritas al azar
de una España mandada por cruces y papadas
que arrojaban limosnas al pueblo analfabeto.
Y Dios entre las sábanas de los niños ardiendo,
anotando futuros a sombras de la tierra.
Mi infancia fueron huesos roídos por los perros,
alimañas de nobles, ejércitos y curas.
Y Satán con los vivos azotando esqueletos.
Miro al espejo y veo marchitos los olivos,
se encogen y titilan ante niños enfermos.
Toco el cristal y vuelvo con los hombres de ayer.
Ya son viejos y miedos en umbral moribundo.
Y los niños de fuego con su Dios en las puertas.
Mi infancia fueron letras escritas por Satán.
José Ángel Valente
Mi infancia es un recuerdo de castillos derruidos.
De vez en cuando vuelven sus piedras a caer
por laderas nevadas de olivos y de encinas.
Mi infancia fueron letras escritas al azar
de una España mandada por cruces y papadas
que arrojaban limosnas al pueblo analfabeto.
Y Dios entre las sábanas de los niños ardiendo,
anotando futuros a sombras de la tierra.
Mi infancia fueron huesos roídos por los perros,
alimañas de nobles, ejércitos y curas.
Y Satán con los vivos azotando esqueletos.
Miro al espejo y veo marchitos los olivos,
se encogen y titilan ante niños enfermos.
Toco el cristal y vuelvo con los hombres de ayer.
Ya son viejos y miedos en umbral moribundo.
Y los niños de fuego con su Dios en las puertas.
Mi infancia fueron letras escritas por Satán.
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