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Entre sombrías soledades
un dolor largo y profundo…
En tu mente mil palabras
acaecían desnudas,
gritando en tu alma los sueños
desvaneciéndose estaban.
La cálida arena, testigo,
bajo tus pies caminaba
llevándote a tu destino.
Tu mirada fijabas sin querer ver nada
queriendo verlo todo…
Resignada un poema recitabas
a la blanca luna; al inmenso mar;
a las nubes ligeras; a la brisa tierna;
al amor ausente; al hijo entrañable.
Hacia la escollera,
anchas playas, cielos puros
te vieron pasar tan alta y esbelta
así, como querías.
Dijiste que no volverías…
Mar del Plata no te olvida.
¡Aquí te quedaste, Alfonsina!
Entre sombrías soledades
un dolor largo y profundo…
En tu mente mil palabras
acaecían desnudas,
gritando en tu alma los sueños
desvaneciéndose estaban.
La cálida arena, testigo,
bajo tus pies caminaba
llevándote a tu destino.
Tu mirada fijabas sin querer ver nada
queriendo verlo todo…
Resignada un poema recitabas
a la blanca luna; al inmenso mar;
a las nubes ligeras; a la brisa tierna;
al amor ausente; al hijo entrañable.
Hacia la escollera,
anchas playas, cielos puros
te vieron pasar tan alta y esbelta
así, como querías.
Dijiste que no volverías…
Mar del Plata no te olvida.
¡Aquí te quedaste,
Lindo homenaje a un precioso poema hecho cancion que siempre me acompaña.
Entre sombrías soledades
un dolor largo y profundo…
En tu mente mil palabras
acaecían desnudas,
gritando en tu alma los sueños
desvaneciéndose estaban.
La cálida arena, testigo,
bajo tus pies caminaba
llevándote a tu destino.
Tu mirada fijabas sin querer ver nada
queriendo verlo todo…
Resignada un poema recitabas
a la blanca luna; al inmenso mar;
a las nubes ligeras; a la brisa tierna;
al amor ausente; al hijo entrañable.
Hacia la escollera,
anchas playas, cielos puros
te vieron pasar tan alta y esbelta
así, como querías.
Dijiste que no volverías…
Mar del Plata no te olvida.
¡Aquí te quedaste, Alfonsina!
Entre sombrías soledades
un dolor largo y profundo…
En tu mente mil palabras
acaecían desnudas,
gritando en tu alma los sueños
desvaneciéndose estaban.
La cálida arena, testigo,
bajo tus pies caminaba
llevándote a tu destino.
Tu mirada fijabas sin querer ver nada
queriendo verlo todo…
Resignada un poema recitabas
a la blanca luna; al inmenso mar;
a las nubes ligeras; a la brisa tierna;
al amor ausente; al hijo entrañable.
Hacia la escollera,
anchas playas, cielos puros
te vieron pasar tan alta y esbelta
así, como querías.
Dijiste que no volverías…
Mar del Plata no te olvida.
¡Aquí te quedaste, Alfonsina!
Así es amigo Paco, una mujer excepcional que
se atrevió a juntarse con grandes poetas hombres,
aún cuando fuera algo casi prohibido en esa época.
¡Muchas gracias amigo Paco por tu lindo
comentario!
Un abrazo cordial desde mi bosque.