abcd
Poeta adicto al portal
Van Gogh, sabio y triste
le regaló su oreja a una puta.
Él más humano que la sangre
no le dió dinero,
y por eso ella se marcho,
no sin antes despreciar su oreja,
no sin después escupirle un cuadro.
A veces me duele empatizar con los flagelos,
ser déspota de mi cuerpo
es lo poco que garantizo en un romance.
Pero yo no tengo arte en las venas,
y no soy como Van Gogh que no sabía nada más de la vida.
¿O si?
Esta mañana el pis lo tenía frío,
en realidad eran los pies,
pero me asusto enseguida y olvido vocales
y es tonto.
Eso quizá explica muchos dolores.
Ser el mejor en algo deja a muchos detrás,
en sumas,
habrán otros miles delante en otras mil cosas.
Te sentís mediocre pero intelectual,
y no te gastas en explicarle a tus seguidores
porque es que te vas.
Y te vas.
Después pasa eso que solo les pasa a los no iluminados,
comienzas a secarte de afuera hacia dentro
y te arrodillas como esas viejas ajenas a la nobleza de un hijo
a pedir por un poco de piedad emocional.
Es horrible, porque ya habías perdido los brazos,
en algún abrazo que nunca ocurrió,
y ahora los ojos echan culpas,
y maldices la televisión, la falta de café,
al diario que no tuviste la oportunidad de leer,
y a ella, que no se lleva nunca tu oreja,
para arrojarla, para escupirte tu libre Van Gogh.
Me olvidé que iba a escribir un poema de amor.
le regaló su oreja a una puta.
Él más humano que la sangre
no le dió dinero,
y por eso ella se marcho,
no sin antes despreciar su oreja,
no sin después escupirle un cuadro.
A veces me duele empatizar con los flagelos,
ser déspota de mi cuerpo
es lo poco que garantizo en un romance.
Pero yo no tengo arte en las venas,
y no soy como Van Gogh que no sabía nada más de la vida.
¿O si?
Esta mañana el pis lo tenía frío,
en realidad eran los pies,
pero me asusto enseguida y olvido vocales
y es tonto.
Eso quizá explica muchos dolores.
Ser el mejor en algo deja a muchos detrás,
en sumas,
habrán otros miles delante en otras mil cosas.
Te sentís mediocre pero intelectual,
y no te gastas en explicarle a tus seguidores
porque es que te vas.
Y te vas.
Después pasa eso que solo les pasa a los no iluminados,
comienzas a secarte de afuera hacia dentro
y te arrodillas como esas viejas ajenas a la nobleza de un hijo
a pedir por un poco de piedad emocional.
Es horrible, porque ya habías perdido los brazos,
en algún abrazo que nunca ocurrió,
y ahora los ojos echan culpas,
y maldices la televisión, la falta de café,
al diario que no tuviste la oportunidad de leer,
y a ella, que no se lleva nunca tu oreja,
para arrojarla, para escupirte tu libre Van Gogh.
Me olvidé que iba a escribir un poema de amor.