abcd
Poeta adicto al portal
No te mueras lento,
despide tu última voz como un rayo de luz.
No llegues a tocarme,
no esperes que responda con una lágrima,
no, no te mueras lento.
Sinceramente lo deseo así:
que una roca choque en tu cabeza,
que ni llores, que el charco de sangre
sea tu bautismo con mi olvido.
No te mueras tan lento,
no seas como el otoño de los enamorados,
no sueltes de a poco tus hojas.
Sécate por dentro en un solo instante
y con la carita triste y humedecida
arroja tu pañuelo a algún perro de buen olfato.
No te mueras casi sin morirte,
no cuelgues tus senos en la puerta de una esperanza ajena,
ni llenes de focos las fotos en los ojos
de quien te imagina desnuda y cuasi eterna.
No seas como esos insectos que viven días flagelados
y se divierten mientras sufren su suerte, su desazón.
No te mueras para seguir caminando a saltos,
y a bailes con el vientre convertido en fruta,
tan rica es tu fruta,
y las manos en plumas,
tan altas tus manos y locas.
No, no sigas con tu risita de queso
y tus dientes afuera imitando a un ratón,
no, ya no cantes hasta endulzar el rencor que se lleva por la vida,
y por favor, no seas la nube solitaria que me sigue
y que va delante mío cada vez que voy a mudar la piel.
No, Rocío, no te mueras nunca,
ni cerca ni lejos de mi casa,
ni tocándome con tus dedos gorditos,
ni borrándome de la escena con otro personaje,
menos payaso, menos gusano.
Porque cada vez que lo haces,
vas tan lenta en tu dolor
que siempre llego a salvarte,
y te amo sin amarte, y te doy mi sangre aunque no sangres,
y te robas mi alma sin siquiera abrirte de manos
o de piernas, o de pensamientos
sobre un nuevo universo colgando de mis sueños.
No te mueras nunca, ni en palabras,
ni en papel manchado de falsos sentimientos,
no seas torpe en tu tacto de ataúd,
no seas tan necia de ritos y estupidiza con pasión
cualquier vida sin expectativa,
cualquier vida sin gomitas dulces...
No te vivas siempre que no mueres,
mejor enséñale a los extraños a gritar al reír,
o apaga el motor de las abejas,
así la miel se hace con besos,
a tus ojos déjalos como un panal de alegrías
y llena de niños los jardines donde el sol hace daño de abuelas,
cura a las flores dormidas y sé entonces
la dueña de una sola margarita,
ponle un nombre, vacíale de hormigas el corazón,
y regalamela cuando estés triste o casi sin fuerzas...
Pero ojala no te mueras nunca en mis versos,
sé como ese sonido de violín que todos guardamos en el pecho,
como esa torta de cumpleaños que comiste con los ojos antes de partir,
como ese anochecer de sed que hizo temblar tu piel por primera vez....
No te mueras nunca mientras yo no quede sin vida.
despide tu última voz como un rayo de luz.
No llegues a tocarme,
no esperes que responda con una lágrima,
no, no te mueras lento.
Sinceramente lo deseo así:
que una roca choque en tu cabeza,
que ni llores, que el charco de sangre
sea tu bautismo con mi olvido.
No te mueras tan lento,
no seas como el otoño de los enamorados,
no sueltes de a poco tus hojas.
Sécate por dentro en un solo instante
y con la carita triste y humedecida
arroja tu pañuelo a algún perro de buen olfato.
No te mueras casi sin morirte,
no cuelgues tus senos en la puerta de una esperanza ajena,
ni llenes de focos las fotos en los ojos
de quien te imagina desnuda y cuasi eterna.
No seas como esos insectos que viven días flagelados
y se divierten mientras sufren su suerte, su desazón.
No te mueras para seguir caminando a saltos,
y a bailes con el vientre convertido en fruta,
tan rica es tu fruta,
y las manos en plumas,
tan altas tus manos y locas.
No, no sigas con tu risita de queso
y tus dientes afuera imitando a un ratón,
no, ya no cantes hasta endulzar el rencor que se lleva por la vida,
y por favor, no seas la nube solitaria que me sigue
y que va delante mío cada vez que voy a mudar la piel.
No, Rocío, no te mueras nunca,
ni cerca ni lejos de mi casa,
ni tocándome con tus dedos gorditos,
ni borrándome de la escena con otro personaje,
menos payaso, menos gusano.
Porque cada vez que lo haces,
vas tan lenta en tu dolor
que siempre llego a salvarte,
y te amo sin amarte, y te doy mi sangre aunque no sangres,
y te robas mi alma sin siquiera abrirte de manos
o de piernas, o de pensamientos
sobre un nuevo universo colgando de mis sueños.
No te mueras nunca, ni en palabras,
ni en papel manchado de falsos sentimientos,
no seas torpe en tu tacto de ataúd,
no seas tan necia de ritos y estupidiza con pasión
cualquier vida sin expectativa,
cualquier vida sin gomitas dulces...
No te vivas siempre que no mueres,
mejor enséñale a los extraños a gritar al reír,
o apaga el motor de las abejas,
así la miel se hace con besos,
a tus ojos déjalos como un panal de alegrías
y llena de niños los jardines donde el sol hace daño de abuelas,
cura a las flores dormidas y sé entonces
la dueña de una sola margarita,
ponle un nombre, vacíale de hormigas el corazón,
y regalamela cuando estés triste o casi sin fuerzas...
Pero ojala no te mueras nunca en mis versos,
sé como ese sonido de violín que todos guardamos en el pecho,
como esa torta de cumpleaños que comiste con los ojos antes de partir,
como ese anochecer de sed que hizo temblar tu piel por primera vez....
No te mueras nunca mientras yo no quede sin vida.