abcd
Poeta adicto al portal
Como explicas hoy,
que subirás al colectivo y no dudarás si sentarte
a la izquierda o a la derecha,
si ponerte al lado de alguien apuesto
o ubicarte en el rincón más oscuro,
donde nadie llega a percibirte.
Como vas a entender que ya llevas
los papeles arrugados en el bolsillo,
que no pudiste ni leer el diario,
que ni siquiera analizaste uno de los veinte rostros
que acompañan tu viaje.
No sacaste ningún libro de la mochila,
e igual, se te paso la parada.
Como vas a hacer para razonar,
si ni cuenta te habías dado que llovía,
todos se persiguen y son un degradé de paraguas,
si crees que estás llorando y que nadie quiere de tus lágrimas.
Como harás hombrecito lleno de sueños,
para encontrar tu lugar en la plaza,
si nada esta quieto, si todo se mueve dentro de tus ojos.
Si ves a un amigo,
simplemente cruzarás de calle,
o lo traspasarás porque te sientes invisible,
la cabeza abajo es tu claro síntoma de nostalgia.
Pensarás en la mujer que amas,
en la que hace milagros al nombrarte,
en la que nunca te llama cuando te alejas
y no tienes tiempo, ni cuerpo,
ni anzuelo para que ella vuelva.
Y cuando el sol abrace todos los besos,
seguirás con tus pensamientos tristes?
Te quedaras dormido frente a tu corazón,
o asaltaras un banco solo porque ayer una cajera te sonrió.
Quizás pases rozando todas las sillas de la cafetería,
sentirá calor tu alma, pero no beberás nada.
Y miraras a la mujer más histriónica,
te sentarás casi en el suelo a observarla
y analizaras como matarte mientras ella se mueve y que nadie te vea a ti,
o tal vez te acerques y le tomes la mano
que sería un suicidio menos esperado.
Te irás niño del celo cerrado,
seguirás caminando hasta tu empleo,
ni mirarás las películas en las vidrieras,
ni las que arrojan los vendedores a la calle,
no hojearas las librerías porque los libros abren tu cruz,
y menos, pensarás que alguno de los pechos que cruzas
va a ser tuyo en unas horas, en la cama.
Buscaras el silencio, caminarás por esas calles
donde ni los perros ladran a los gatos,
te sabrás por un instante feliz al pisar un charco y empaparte,
pero maldecirás con los ojos al hombre
que te empuje por venir corriendo casi sin correr.
Llegarás donde supuestamente esta tu lugar en el mundo,
no sentirás remordimiento ni alegría, ni nada.
No escucharás a tu jefe, ni a tu compañero,
el teléfono sonará solo dos veces,
al tercer timbre responderás,
se te oirá la voz por primera vez en el día.
Van a pasar las horas de a poco,
no quisiste estar así, nadie quiere estar así.
Cuando vuelvas, cuando regreses a lo cotidiano,
quizá tampoco nadie te encuentre,
quizá está mañana de profunda melancolía,
sea prontamente olvidada
o se repita más de lo que cualquiera añoraría.
Pero esta vez, al menos robarás un paraguas a la salida,
lo sabes, y sonríes.
que subirás al colectivo y no dudarás si sentarte
a la izquierda o a la derecha,
si ponerte al lado de alguien apuesto
o ubicarte en el rincón más oscuro,
donde nadie llega a percibirte.
Como vas a entender que ya llevas
los papeles arrugados en el bolsillo,
que no pudiste ni leer el diario,
que ni siquiera analizaste uno de los veinte rostros
que acompañan tu viaje.
No sacaste ningún libro de la mochila,
e igual, se te paso la parada.
Como vas a hacer para razonar,
si ni cuenta te habías dado que llovía,
todos se persiguen y son un degradé de paraguas,
si crees que estás llorando y que nadie quiere de tus lágrimas.
Como harás hombrecito lleno de sueños,
para encontrar tu lugar en la plaza,
si nada esta quieto, si todo se mueve dentro de tus ojos.
Si ves a un amigo,
simplemente cruzarás de calle,
o lo traspasarás porque te sientes invisible,
la cabeza abajo es tu claro síntoma de nostalgia.
Pensarás en la mujer que amas,
en la que hace milagros al nombrarte,
en la que nunca te llama cuando te alejas
y no tienes tiempo, ni cuerpo,
ni anzuelo para que ella vuelva.
Y cuando el sol abrace todos los besos,
seguirás con tus pensamientos tristes?
Te quedaras dormido frente a tu corazón,
o asaltaras un banco solo porque ayer una cajera te sonrió.
Quizás pases rozando todas las sillas de la cafetería,
sentirá calor tu alma, pero no beberás nada.
Y miraras a la mujer más histriónica,
te sentarás casi en el suelo a observarla
y analizaras como matarte mientras ella se mueve y que nadie te vea a ti,
o tal vez te acerques y le tomes la mano
que sería un suicidio menos esperado.
Te irás niño del celo cerrado,
seguirás caminando hasta tu empleo,
ni mirarás las películas en las vidrieras,
ni las que arrojan los vendedores a la calle,
no hojearas las librerías porque los libros abren tu cruz,
y menos, pensarás que alguno de los pechos que cruzas
va a ser tuyo en unas horas, en la cama.
Buscaras el silencio, caminarás por esas calles
donde ni los perros ladran a los gatos,
te sabrás por un instante feliz al pisar un charco y empaparte,
pero maldecirás con los ojos al hombre
que te empuje por venir corriendo casi sin correr.
Llegarás donde supuestamente esta tu lugar en el mundo,
no sentirás remordimiento ni alegría, ni nada.
No escucharás a tu jefe, ni a tu compañero,
el teléfono sonará solo dos veces,
al tercer timbre responderás,
se te oirá la voz por primera vez en el día.
Van a pasar las horas de a poco,
no quisiste estar así, nadie quiere estar así.
Cuando vuelvas, cuando regreses a lo cotidiano,
quizá tampoco nadie te encuentre,
quizá está mañana de profunda melancolía,
sea prontamente olvidada
o se repita más de lo que cualquiera añoraría.
Pero esta vez, al menos robarás un paraguas a la salida,
lo sabes, y sonríes.