abcd
Poeta adicto al portal
Hola, cómo te va...
Todos necesitamos un ojo que nos mire.
No hacen falta palabras,
ni animales que nazcan de sonrisas frías o falsas.
En la serpiente que tengo por cabeza
hoy resumí mis miserias.
Todas las que iban unidas a alguna vanidad,
en especial a la vanidad de ella,
que no es mas que su fútil egoísmo.
Diferencie que puedo soportar sus insultos,
que me escupa,
que me muerda, que se cague literalmente en todos mis sueños,
que se llene la boca de palabras tristes,
que se corte un brazo en mi cara,
que me lloré sin mojarme,
que me hablé en su idioma de niña,
que se ría de todo y cante y no me deje descifrar algún detalle bello del paisaje.
Me di cuenta que soporto sus manías,
sus histerias, sus malos gestos y los buenos,
su compromiso con brillar en la oscuridad,
y su altruismo con la felicidad de mi rostro (aunque eso es lindo),
También soporto que haga el amor con otro sol,
y que no lo haga,
o que haga el odio con un ser bello y de otro planeta,
aunque el odio este más cerca del amor,
aunque con eso me miento y la creo pura.
Y soporto que me grite, que me callé,
que no me bese y que me abrace con miedo,
soporto que los lunes me piense y que los martes me extrañe,
soporto que no me hablé unas horas,
que se esconda en otras sombras por arte de brotar sin cuerpo
y hasta soporto que se olvide de todo
en especial de esos detalles que yo creo especiales.
Soporto que se aburra de mis historias
que me interrumpa antes de empezar a contarlas,
soporto mirar a su lado películas tediosas y absurdas
y películas hermosas y extrañísimas,
soporto la soledad de su compañía cuando necesita amor
y soporto el daño de su pasado en mi futuro.
Yo a ella le soporto las mentiras,
las traiciones, los malos ratos, las peleas por nada, las peleas por todo,
le soporto llegar tarde o temprano,
salir a beber y volver con la botella llena,
le soporto drogarnos hasta desaparecer
y que me cuente secretos que nunca antes confesó.
Obviamente soporto ser libre atado a sus caprichos,
soporto perderlo todo y encontrar solo un poco
cuando ella se columpia y parece demostrarme que la vida es un juego hermoso,
soporto llorarla sin que sepa que existen mis lágrimas
y soporto eso de crear un mundo vacío de piedad
para herirnos como nos gusta, hasta caer tan profundo que nadie nos pueda salvar.
Soporto que su fuego queme todos mis misterios,
soporto que haya oído de mis labios casi todos mis miedos
y soporto su mirada que nunca me juzgo y nunca tampoco me amo.
Soporto la melancolía que emanan sus palabras sobre el destino,
soporto no poder besarla teniendo sus labios a dos segundos de mi fe
y soporto que todas las mañanas se levante pensando en desaparecer.
Soporto todo de la vida y de la muerte de ella,
que nunca quiera estar sentada,
que me haga caminar para adelgazar,
que se ría de mi risa y que llore sin llorar cuando nadie la quiere interpretar.
Soporto su calma y sus cuelgues sin final,
soporto que nunca me haya hecho bailar
y que nunca la voy a poder entender sin crucificar mi velador instrumental.
Soporto no decirnos adiós, no saludarnos, no usar el mismo calendario solar...
Son tantas las miserias y los paraísos en común.
Sigo pensando en eso de que todos necesitamos un ojo que nos mire,
que nos espíe aunque sea un poquito,
para luego hablar del caos del mundo,
del precio del dólar, del fútbol y el mundial,
o de porque nadie sale a la calle con su elefante mental.
Me asfixia está culpa en la que me encierro a trasmigrar en alcohol,
aunque no tome, aunque no quiera eclipsar a mi alter ego flaco y nauseabundo.
Si lo siento adentro del alma, quisiera ver el rostro de ella junto a un martillo,
luego quisiera que sin fuerzas, sus manos tomen el martillo y aplasten mi cráneo,
luego, si es que puedo percibir ese luego,
me encantaría que sus gusanos forniquen con mis gusanos,
que nazcan putas y ebrias mariposas
y se lleven su inútil indiferencia a otra pesadilla con menos escamas.
A veces la poesía es un circuito cerrado.
Lector y reactor son injustificables al talento o al menosprecio intelectual,
uno hace del aquelarre sentimental un distanciamiento indio,
donde la flecha traspasa cada impulso por leer y se estaca, y se estaca,
y en la estaca el humano es la sangre para nadar, para crecer.
Ella no se merece mi angustia.
Yo no merezco tener el don de ser invisible y amar al revés.
Ah. Me falto aclarar que no soporto su indiferencia.
Hola, cómo te va?
Todos necesitamos un ojo que nos mire.
No hacen falta palabras,
ni animales que nazcan de sonrisas frías o falsas.
En la serpiente que tengo por cabeza
hoy resumí mis miserias.
Todas las que iban unidas a alguna vanidad,
en especial a la vanidad de ella,
que no es mas que su fútil egoísmo.
Diferencie que puedo soportar sus insultos,
que me escupa,
que me muerda, que se cague literalmente en todos mis sueños,
que se llene la boca de palabras tristes,
que se corte un brazo en mi cara,
que me lloré sin mojarme,
que me hablé en su idioma de niña,
que se ría de todo y cante y no me deje descifrar algún detalle bello del paisaje.
Me di cuenta que soporto sus manías,
sus histerias, sus malos gestos y los buenos,
su compromiso con brillar en la oscuridad,
y su altruismo con la felicidad de mi rostro (aunque eso es lindo),
También soporto que haga el amor con otro sol,
y que no lo haga,
o que haga el odio con un ser bello y de otro planeta,
aunque el odio este más cerca del amor,
aunque con eso me miento y la creo pura.
Y soporto que me grite, que me callé,
que no me bese y que me abrace con miedo,
soporto que los lunes me piense y que los martes me extrañe,
soporto que no me hablé unas horas,
que se esconda en otras sombras por arte de brotar sin cuerpo
y hasta soporto que se olvide de todo
en especial de esos detalles que yo creo especiales.
Soporto que se aburra de mis historias
que me interrumpa antes de empezar a contarlas,
soporto mirar a su lado películas tediosas y absurdas
y películas hermosas y extrañísimas,
soporto la soledad de su compañía cuando necesita amor
y soporto el daño de su pasado en mi futuro.
Yo a ella le soporto las mentiras,
las traiciones, los malos ratos, las peleas por nada, las peleas por todo,
le soporto llegar tarde o temprano,
salir a beber y volver con la botella llena,
le soporto drogarnos hasta desaparecer
y que me cuente secretos que nunca antes confesó.
Obviamente soporto ser libre atado a sus caprichos,
soporto perderlo todo y encontrar solo un poco
cuando ella se columpia y parece demostrarme que la vida es un juego hermoso,
soporto llorarla sin que sepa que existen mis lágrimas
y soporto eso de crear un mundo vacío de piedad
para herirnos como nos gusta, hasta caer tan profundo que nadie nos pueda salvar.
Soporto que su fuego queme todos mis misterios,
soporto que haya oído de mis labios casi todos mis miedos
y soporto su mirada que nunca me juzgo y nunca tampoco me amo.
Soporto la melancolía que emanan sus palabras sobre el destino,
soporto no poder besarla teniendo sus labios a dos segundos de mi fe
y soporto que todas las mañanas se levante pensando en desaparecer.
Soporto todo de la vida y de la muerte de ella,
que nunca quiera estar sentada,
que me haga caminar para adelgazar,
que se ría de mi risa y que llore sin llorar cuando nadie la quiere interpretar.
Soporto su calma y sus cuelgues sin final,
soporto que nunca me haya hecho bailar
y que nunca la voy a poder entender sin crucificar mi velador instrumental.
Soporto no decirnos adiós, no saludarnos, no usar el mismo calendario solar...
Son tantas las miserias y los paraísos en común.
Sigo pensando en eso de que todos necesitamos un ojo que nos mire,
que nos espíe aunque sea un poquito,
para luego hablar del caos del mundo,
del precio del dólar, del fútbol y el mundial,
o de porque nadie sale a la calle con su elefante mental.
Me asfixia está culpa en la que me encierro a trasmigrar en alcohol,
aunque no tome, aunque no quiera eclipsar a mi alter ego flaco y nauseabundo.
Si lo siento adentro del alma, quisiera ver el rostro de ella junto a un martillo,
luego quisiera que sin fuerzas, sus manos tomen el martillo y aplasten mi cráneo,
luego, si es que puedo percibir ese luego,
me encantaría que sus gusanos forniquen con mis gusanos,
que nazcan putas y ebrias mariposas
y se lleven su inútil indiferencia a otra pesadilla con menos escamas.
A veces la poesía es un circuito cerrado.
Lector y reactor son injustificables al talento o al menosprecio intelectual,
uno hace del aquelarre sentimental un distanciamiento indio,
donde la flecha traspasa cada impulso por leer y se estaca, y se estaca,
y en la estaca el humano es la sangre para nadar, para crecer.
Ella no se merece mi angustia.
Yo no merezco tener el don de ser invisible y amar al revés.
Ah. Me falto aclarar que no soporto su indiferencia.
Hola, cómo te va?
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