abcd
Poeta adicto al portal
Entonces vuelves con la mente insana pero humana
con el cuerpo rojo, el ojo izquierdo blanco,
con el dolor de panza estable y crecido;
Vuelves a mendigar afectos, efectos en los brazos
que nunca encuentran como romper o crear el abrazo de bienvenida;
Vuelves al ruido del silencio, lejos otra vez de ese idioma que no entiendes
de las calles de Buenos Aires;
Vuelves con la misma enfermedad, esa que no sabes si es astenia, apraxia,
agnosia, afemia, ataxia, anemia, esa que nunca vas a recordar.
Vuelves con el mismo nervio de la paciencia como escuela,
leyendo sobre la existencia de otros seres con verdaderos símbolos,
leyendo, y siempre, no existiendo al leer.
Vuelves con el tumor sin habitáculo golpeando las puertas de la sien,
con el estado de devastación neurológica casi sin esperanza,
pero vuelves, siempre vuelves,
y ese latido reminiscente es el acueducto a días futuros,
a días no vividos, días no perdidos,
días en que el organismo inestable y vulnerable que suelo ser se entregue otra oportunidad...
con el cuerpo rojo, el ojo izquierdo blanco,
con el dolor de panza estable y crecido;
Vuelves a mendigar afectos, efectos en los brazos
que nunca encuentran como romper o crear el abrazo de bienvenida;
Vuelves al ruido del silencio, lejos otra vez de ese idioma que no entiendes
de las calles de Buenos Aires;
Vuelves con la misma enfermedad, esa que no sabes si es astenia, apraxia,
agnosia, afemia, ataxia, anemia, esa que nunca vas a recordar.
Vuelves con el mismo nervio de la paciencia como escuela,
leyendo sobre la existencia de otros seres con verdaderos símbolos,
leyendo, y siempre, no existiendo al leer.
Vuelves con el tumor sin habitáculo golpeando las puertas de la sien,
con el estado de devastación neurológica casi sin esperanza,
pero vuelves, siempre vuelves,
y ese latido reminiscente es el acueducto a días futuros,
a días no vividos, días no perdidos,
días en que el organismo inestable y vulnerable que suelo ser se entregue otra oportunidad...